23 de mayo 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

... Y ya que nos dio un buen pie la nota a que hacíamos referencia en columna pasada, acerca de las emociones que afectan hasta al inversor más preparado, el asunto es tan vasto -y con tanta bibliografía al respecto- que impone dedicarle unas líneas más, al menos. En especial, porque estamos abordando una problemática a la que se ha visto expuesta con total crudeza, en estos valles de mayo. En la nota aquella, se advertía que hay que dejar pasar el día por día, las pantallas, el exceso de información que a través de Internet llueve sobre las mentes de los operadores. Y está bien apuntada, en lo que hace al que posee una cartera estudiada y afinada, como para sostenerla a un mediano plazo (que lo del largo plazo real, en nuestro medio está casi extinguido desde hace décadas), pero el interrogante es: ¿qué sucede con el que dedica sus esfuerzos a tratar de ganar con el corto plazo una gran cantidad de inversores que están pendientes del simple « trading»? Se dirá que no es la actitud ideal para enfrentar a un mercado de riesgo, tan sensible y cambiante, y que mucho menos es aconsejable en un medio como el nuestro: a veces insólito con sus novedades, en otras... desopilante.

Pero el caso es que tal napa inversora existe en muy alta proporción y no vale, en ella, darle el remedio del plazo extendido. Porque el modo de jugar al riesgo potenciado -que es en lo que se convierte el sistemaresponde ya a un estilo adquirido. En tal caso, vale una nueva referencia al fútbol: en Bolsa, también, lo más difícil es tener precisión jugando en velocidad. Y allí las emociones que alteran pulso y decisiones, la adrenalina que corre fluida, son parte del juego elegido. A menos que se llegue a la punta del podio inversor: poder moverse bajo todo estado de tendencia, con la frialdad del gran jugador de póquer. Pocos tienen tal virtud incorporada, pero todos creen poseerla, y esa es la verdadera trampa: suponerse equilibrado y ser un ansioso. Para esto, nos parece por lo que hemos vivido, el único remedio lo da el mismo mercado con sus zancadillas.  


Entendemos plenamente al que toma la Bolsa para jugar en corto y cada semana se lanza a cara o cruz. Lo menos entendible es el segmento de los que están estructurados para plazos mediatos -como las carteras institucionales- y entran en la desesperación y el juego corto -por salir- a la par del que no puede esperar, porque no es su juego. O porque está acollarado por una caución, liquidación en ciernes.

En estos días de bajas profundas, se han visto partidas enormes de los que pudiendo, y debiendo, esperar en vez de hundir más los índices salieron a arrasar sin límite alguno, colocando posiciones. Más de uno, a quien le confían dineros de terceros, debiera dedicarse a otra profesión, el remedio.

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