3 de agosto 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Ganar, cuando todos ganan, no posee sabor a hazaña ni otorga credenciales de «sabio» del negocio. Solíamos decir, en esas zonas doradas de los boom que pudimos observar en nuestro mercado accionario, que si bien arreciaban los «paper» y la industria del pronóstico funcionaba de maravillas, que si efectivamente quería algún «gurú» mostrarse en todo su esplendor, debía señalar las que iban a bajar, no las que subían. Simplemente, porque en tales épocas suelen aparecer ruedas con decenas de papeles en aumento, apenas por un pequeño racimo en baja. Es decir, se llega a ganar mucho dinero hasta con acciones de tercer nivel de merecimientos (algunas, francamente «basura») e inclusive más que con las virtuosas.

Puede uno envalentonarse más si se encuentra en un escenario como el actual, buen ejemplo, y si en derredor es difícil encontrar buenos ganadores, que uno lo sea.

Claro, sin dejar de lado que muchas veces se llega a acertar hasta por casualidad, al estar el instinto «en trance», afilado el golpe de vista, presta la mano para entrar, o salir.

Parece ser el caso de nuestros gobernantes actuales, que se arrogan méritos y estrategias, ratios de crecimiento, pero que está inserto en toda una seguidilla por América donde hasta los normalmente mal parecen estar bien, o mejor.

Unos por el fabuloso trepar del petróleo, otros por la altitud de «commodities» que exportan, aquellos porque China se convirtió en aspiradora de producciones. O bien, porque en el mundo se está dentro de una fase positiva del ciclo. Pero, esto implica el reverso y darse un baño de humildad para aguardarlo. No hay hazaña cuando evolucionamos llevados por la ola que prevalece: casi sería imposible -salvo algún desastre natural- no poseer fuerte superávit con lo esponjoso que está el exterior para consumir lo que producimos y a dólar de tres pesos.  


En cambio, a los mercados les sucede exactamente lo contrario; es habitual observar tanto el signo como los desplazamientos porcentuales, mancomunados en todos los recintos bursátiles: desde el NYSE hacia abajo. No hay distinciones en esto, estamos en un momento de absoluta pérdida de identidad entre los mercados y coronado por la falta de suministros de capitales, que se siente intensamente en los de segundo orden.

Viendo de qué modo se fue el mes de julio entre los dedos, terminando casi en el mismo punto de índice de donde había partido, con ese valle de órdenes que ya toma como habitual hacer menos de $ 30 millones de efectivo, para advertir que el espejo de la Bolsa no está resultando réplica de tanto título con nivel récord de reanudación, con más superávit. Con todo lo que llena la boca de quienes suponen ser el corcel, cuando son el carro que es arrastrado.

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