16 de marzo 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Desde el martes 27 de febrero, hasta ahora... no hubo más mercados. Solamente una masa amorfa, de órdenes que van y vienen -presas de temores- y así como parecen prevalecer las de demanda y originando repuntes, ante el menor ruido de pirotecnias de oferta son capaces de causar el efecto de explosivos pesados. De todo esto, como siempre ha sido, los que actúan desde posiciones cómodas y con varias horas de vuelo en estas lides son los que terminarán por hacer negocios. Y los que más en el alambre deberán hacer precarios equilibrios serán los que elevan el riesgo natural a situaciones límite. Como las que obligan a liquidar en los peores momentos y sin tiempo para esperar reversiones. Que un inversor inteligente -se oye la voz de Benjamín Graham- no solamente debe hacer acopio de capital para comprar, sino de paciencia y tiempo para soportar todo tipo de clima en las tendencias.

No nos satisfacen las explicaciones a diario, según se deprima nuevamente o reboten los índices, buscando siempre la «causa» que produjo uno u otro resultado. Y se ha visto desde el fatídico martes 27 de febrero llenarse páginas y páginas en el mundo, queriendo justificar primero la debacle de los mercados en tal fecha. Después, montarse con ciertos argumentos a las reacciones. Y volver a disecar con rostros fúnebres la recaída del martes 13 pasado.

Si esto prosiguiera en el infierno de cortes y quebradas de estas semanas sería un año como para preguntar: cuánto vale un revólver... El problema es que cuando los mercados caen fuerte, no sólo hacen ruido en los bolsillos, sino que vuelan los techos de las convicciones y de la confianza.

Pasado el ojo del tornado, lo que queda es campo arrasado y hay que reconstruir. Pero los que se salvaron del tornado que pasó cerca después están con los nervios de punta y prestos a salir corriendo, por las dudas vengan otros. Tras un martes durísimo, sobrevino otro al poco tiempo. ¿Y quién asegura que no habrá un tercero? ¿Hasta dónde los rebotes podrán llegar, sin tentar a la venta inmediata? Seguramente, serán preguntas de alto «rating» en muchas mentes de operadores de todos los centros financieros. Y mientras persistan, habrá una exposición permanente a que un simple viento se confunda con otro tornado y lo reconstruido se desplome.  


Si el dinero sigue fluyendo «barato» por el mundo, el tejido quemado podrá reconstituirse: pero ya no será igual al que venía desde antes de febrero. Queda presente que hay incertidumbres en la economía mundial, ya se ha visto tambalear a los valores, y en estos casos la mano es más rápida que la vista, si otra turbulencia asoma. Hay que afirmar los pisos, sin pensar en los techos: la primera ley.

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