9 de julio 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Siempre con alguna novedad «alentadora» se tienen que despedir las semanas locales (y todavía hay muchos que no se explican por qué nuestro mercado viene a la izquierda del pelotón, y pegando, para mantener el último puesto).

En el otro capítulo explotó el asunto de los dineros de la ministra de Economía, ocultos en un baño de su despacho. Y antes de llegar al feriado largo que hoy se cumple, el ambiente se enteró de lo que fue una literal intervención a una empresa privada MetroGas lo que, de inmediato, disparó una caída del papel de la mencionada en su cotización de Nueva York. Obviamente que aquí también todo se fue desencajando, en procura de saber cómo seguiría el nuevo sainete de gente desesperada por la energía: pero que la niega oficialmente como una «crisis». Para ellos, el pedir a viva voz que Bolivia les pueda suplementar todo el gas posible, o que el vecino brasileño lo ayude con electricidad, no equivale a estar en situación crítica. Y esa imagen de suprema testarudez -en especial del Ejecutivo- es lo que delinea qué tipo de actitud de gobierno se está sobrellevando: negar los problemas, aunque estén en plena superficie, como si aquello de: «asunto de lo que no se habla, no existe», fuera verdad.

Al mismo tiempo, los bonistas volvían a tener que deglutir otro imaginativo número de inflación (no sólo ellos, sino toda la ciudadanía y la comunidad internacional) que resistiendo todo tipo de críticas y hasta de burlas, los funcionarios deciden sostener: acaso como un desafío, de que el poder decide y se terminó.


El hecho es que de la « intervención» a la compañía de gas se consiguió la cabeza del titular: un tema sumamente delicado, como pésima imagen de un «chavizmo» reproducido en el sur. Que condice con la defensa ejercida ante Brasil, para darle curso a quien se quiere ver convertido en el «patrón de América» y al que Brasil, directamente, vapuleó últimamente.

La sumatoria de dislates nacionales parece no tener fin, sino que se acentúan y en todas direcciones.

Pero, de a poco se animan más los privados a levantar la voz en queja. Importante lo oído de parte del Santander, al colocar en blanco y negro la situación y preguntarse si es que resulta una «injusticia ganar dinero en la Argentina». Y yendo todavía más allá, encajando esto a cuando se habló de «rentabilidad razonable» al referirse a las empresas, por parte de autoridades económicas, el señor Francisco Luzón fue directo al punto: «Yo no sé qué piensan las autoridades argentinas, sobre la rentabilidad. ¿Nos van a meter la mano en el bolsillo cuando ganemos 20%?». Tan claro como eso, aunque como se dijo en España habrá que aguardar las réplicas que aparecerán por aquí. Todo es un revoltijo: difícil para la salud del mercado.

Dejá tu comentario

Te puede interesar