«Sólo creo en las estadísticas que he podido manipular». No se apresure el lector; esto no lo dijo algún actual funcionario argentino, aunque hay varios que podrían suscribirlo y ser padres sustitutos del pensamiento. En realidad, lo dijo Winston Churchill y, acorde con el personaje, fue seguramente una fina ironía de las que acostumbraba. Lo más triste es que por aquí no se diría como broma, o ironía, sino casi como un eslogan de campaña. Obviamente, que se diga es casi imposible: pero, que se piensa, apostaríamos por ello. Viene a cuento, porque queríamos referir algo más del recambio ministerial. Todos los medios se han quedado con la primera reacción de los mercados: se fue la ministra Miceli, «no pasó nada» con su salida. Ahora bien, asumió su reemplazo -Miguel Peirano-y se armó todo un show de recibimiento en la Rosada: pero, en el mercado, tampoco pasó nada. Y si algo pasó, lo hizo en la otra dirección. Como una moneda, donde tanto caiga cara o ceca, sigue igual su valor.
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Vale la pena comenzar a conocer los pensamientos de alguien que se estrena, en cargo de alta responsabilidad. Lo hicimos, escuchamos la entrevista en el programa «A dos voces» -de TN-y cuando tocó el asunto del crecimiento, de los lineamientos, llegó al punto de mencionar lo bueno de «los acuerdos de precios» (y la aprobación de ellos por los empresarios). Siguiendo con la falacia de llamar «acuerdo» a lo que es puro «control» de precios (soportado a regañadientes, mientras se intenta poder sacar algunas ventajas a cambio, por parte de los aquejados). Y se hizo claro por qué al mercado no le importó en absoluto que la moneda cambiara de cara a ceca: es igual valor.
El día miércoles fue puesto a salvo casi exclusivamente por una vuelta de Tenaris entre las líderes, alma del Merval, con un precio del petróleo que ya andaba por los u$s 75 el barril. Oportuno envión, al menos para que la nave insignia del índice se hiciera ver y aportando una para todas. Las restantes, lo delató el índice paralelo que contiene sólo a las locales, estaban para fijar no menos de 0,6% de rebaje en esa rueda. (De paso, el ahora abandonado «riesgo-país» se constituía en otro indicador que se puso a caminar hacia arriba). Fue una fecha donde el «poeta» de la Fed, Barnanke, estrenaba nuevas estrofas y que involucraban a los signos de inflación, como a los problemas con el explosivo tema inmobiliario en los Estados Unidos.
Pareció que por esta vez, los operadores de Wall Street no pudieron darle una versión libre y apropiada: el Dow se marcó en baja. La tendencia a pasar gato por liebre, en todos los confines, resulta el plato único que está a disposición de los que quieren evaluar en qué punto se hallan las economías y, por ende, la salud de los mercados. Nada puede saberse mucho, adentro y afuera: rige el manipuleo permanente.
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