Dos precisiones, en torno del mismo tema, por personajes muy prominentes de nuestro medio y referido a uno de los activos que están más en el centro de la escena: los bonos. Por una parte, relacionado con el movimiento del dólar, desde el Central -dicen-se habría enviado el mensaje de que en la Argentina «no hay seguro de cambio». Modo de fracturar mecanismos donde se tomaban bonos en pesos, con la creencia de que se estaban captando tasas equivalentes en dólares. Y agregando que «no es problema nuestro si entró capital golondrina, pensando en ganar 14% o 15% en dólares, y ahora se encuentra que la ganancia es menor. Nadie les prometió que el dólar se mantendría siempre en $ 3,10».
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Visto desde tal foco único, sesgado a combatir el esquema de la especulación tasas/cambio, debería también incorporar otros conceptos detrás. Por caso si en realidad no se procura un dólar más alto como para captar más de los exportable y taponar crecientes orificios de gasto público. Que, en tal caso, arrastra el peligro cierto de notar la repercusión en el orden interno: justamente cuando lo inflacionario está en el ojo de la tormenta, aun con dólar mucho más abajo. Nadie parece dudar que ostentando tan alto nivel de reservas, el Central bien puede darles un «sogazo» (inolvidable expresión de Machinea, cuando se lo llevaron puesto) y que la corrección responde a una estrategia asumida. Lo cierto es que el desbande sobre bonos se acentuó, cuando ya tenían bastante con lo que venía acosándolos. Pero, si algo les faltaba, era leer los dichos de la supuesta nueva presidenta en su gira española. Primero, dando por buenas las mediciones de inflación oficial (como si en España no supieran lo que está sucediendo con el INDEC). Y, peor todavía, realizar todo un cálculo para decir que: 42% de la deuda externa está contratada bajo el índice CER y que cada punto de inflación le costaba anualmente unos u$s 421 millones. Para concluir que «un punto más de inflación, o un punto menos, significa un buen negocio -o no-para los tenedores de deuda externa...».
Como se ve, la Argentina -y como podía preverse-va camino a ser un fallido «serial». Cambiaron deuda, emitieron bajo condiciones elegidas localmente, y ahora se busca el modo de volver a culpar a los tomadores de bonos. Lo que queda de esos dichos es que quizás supongan que los bonistas le hacen subir la inflación, para cobrar más. Paso previo a querer justificar, de alguna manera, que el gobierno se defienda falseando los índices. El resumen es que les fastidia hondamente que haya quienes concreten buenas diferencias, con los títulos que emiten. Si se reúnen los conceptos del Central -respecto del dólar, bonos y capital golondrina-más lo vertido por Cristina Kirchner en España: se obtiene la evidencia de que vuelven a no estar dispuestos a honrar los compromisos. Empleando cualquier método, para interceptar el camino natural de un bono.
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