Por más que el salvataje al sistema en algún momento llegue a cerrar la brecha -siempre lo hace-ya la gran factura del desbande inmobiliario/bancario en Estados Unidos la están pagando con sangre. Otra firma señera en lo que hace al mercado de Wall Street, la tradicional Merrill Lynch, debió capitular y vender 10% de su capital a otros asiáticos. El peligro «amarillo», que diera origen a tantas leyendas, lo tienen sentado en los escritorios de sus principales símbolos del poder americano. Y tal como vienen las cosas, detrás de Citigroup y de Merrill pueden encadenarse otras series de firmas, donde se deba aceptar capital árabe, o asiático: acaso, los orígenes que más daño les causen al orgullo norteamericano. Y es así que el pobre Dow Jones no sabe ya para dónde tomar, con algún día donde se genera un rebote y la idea de que renace la calma, seguida de una rueda donde todo se opaca, o se va al demonio... Y en esto ya no valen los conceptos globales para la salida de la crisis, si las opiniones de tantos «expertos» que insisten en que la economía no está del todo mal. Lo que no pasa por el dinero, la confianza, la sensación de ser inexpugnables y los ejes del mundo, ha sufrido ya un daño irrecuperable. Si hubiera que comparar estas incursiones de capital, directas al corazón de Manhattan, solamente la imagen del 11 de setiembre -sin la tragedia a flor de piel-podría encajar, para medir el desánimo que se habrá desparramado por las calles de Wall Street. Y más, pensando que aquel que va por diez por ciento del capital -y algún lugar en la directiva-después querrá seguir sumando. Lo mismo que puede inferirse del ingreso en YPF de nuestros pícaros «empresarios nacionales», que tomaron la colina caminando sobre las aguas de préstamos extranjeros. Y la intención de las insólitas mentes provinciales queriendo volver a entrar, en lo mismo que rifaron una década antes. Termina ciertamente 2007, con cuestiones que sonaban a «locura» nada más que hasta un año antes. ¿Asiáticos y árabes instalados en lo más emblemático de la Gran Manzana?... Una estupidez.
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¿Qué se peleen para recomprar YPF, los mismos que se la sacaron de encima?... No diga tonterías. Y lo vemos.
Hay que tener cuidado, entonces, con aquello que se ha venido mencionado en estos últimos meses y que también parece un escenario imposible de verse: ¿Estados Unidos en plena estanflación?... ¡Por favor! ¿El mundo entrando en recesión?... Es un chiste. ¿Al país se le caen los ingresos y sube la inflación?... Es imposible. Ya vimos que en el siglo XXI se hace verdad aquello de: «Lo difícil se hace, lo imposible cuesta un poco más». Por allí viene el desconcierto de economistas y analistas -a los que ahora se cuestiona-y más a los que aplican las viejas teorías de textos. (Por aquí todavía están leyendo a Keynes... atrasando un poco.)
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