Y ahora, como si no hubiera bastante, resucitó el petróleo y dándose el gusto de quebrar su máximo anterior, por encima de los cien dólares el barril. Encima, se dice que la OPEP estaría por fijar una reducción de producción.
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Mientras el amenazante Chávez estuvo hablando de un barril de doscientos dólares. Y así seguimos en un mundo económico, y de mercados que se ha salido de madre. Y lo peor es que porfía por no volver a cauces racionales y pasibles de poder ser previsibles para el común de las personas. Una tremenda «mescolanza», diría la abuela, como en aquellas ollas de sopa donde se tiraba de todo adentro y, como era lo que había, parecía siempre rica.
Hace un par de «cupones» atrás le habíamos referido al lector lo que no era un viejo cuento de los años 20 del siglo pasado, sino que había ocurrido en la realidad de aquel momento de la historia, donde la gente se había embriagado con esta posibilidad: «Todos pueden ser ricos». Y un político muy prominente, como podía ser un Clinton o un Bush de nuestro tiempo, se dejó tentar por un par de fáciles cálculos y lo difundió a toda orquesta, convencido de que -en efecto-toda la población podía acceder a la riqueza con un pequeño ahorro y una inversión a renta, en acciones.
Hay un puente muy largo, casi de un siglo, pero el parentesco no se pierde. Cambie uno de los términos, acaso en estos años surgió la «fórmula perfecta» en los Estados Unidos por medio de la cual todos podían acceder a la casa propia. ¿Quién habrá sido el que puso en marcha el mecanismo original, quién se lo habrá vendido a algún banco? No hemos leído hasta ahora cómo fue que semejante plan de créditos floreció, creció, se agigantó, se desbordó. Y estalló.
Que esto haya vuelto a suceder en el país que está a la cabeza económica del mundo extraña mucho más. No tanto como ese plan que aquí terminó « cajoneado» (que seguramente se habrá hecho tratando de imitar aquella fórmula) y donde todos los inquilinos iban a acceder a su vivienda propia. Un dato fallido -comparable al gasoducto desde Venezuela-que no suele ahora recordarse. Pero se estuvo cerca de meter de lleno al Banco Nación e iniciar la gran aventura en la Argentina, que no asombraría tanto...
El asunto de armar un collar donde «todos ganan», « todos son felices», siempre ha tentado. Y aunque queramos creer que después de la nueva experiencia no sucederá más, la historia humana desmiente esto. Y lo hace uniendo innumerables hechos, de todas las épocas, donde esa quimérica cadena de la felicidad se puso otra vez en marcha. Y supo convencer, narcotizar, hasta a las mentes más brillantes. Ocurrido el desborde, viene el desbande. Después del desbande, aparecen los salvavidas. Las aguas se aquietan en un punto. Hasta el siguiente maremoto.
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