... Ya al «viejo zorro» -Alan Greenspan-no le quedan dudas y amplió su visión sobre lo que sucede. «La crisis actual será recordada como la más grande, desde el fin de la Segunda Guerra.» Vaya, son conceptos graves para digerir. No sabemos si se presta mucha atención a ello, porque hay tantos metros de opiniones que vuelan por las pantallas, día a día, que puede haber pasado como una más. Lo más importante es quién lo dice, pero no por la sabiduría del Diablo, sino por su vejez. La sabiduría y el talento de Greenspan pueden ser discutidos; de hecho, el hombre tiene cantidad inmensa de admiradores, como una buena legión de críticos a sus actuaciones y/o mensajes. Pero lo que no entra en la discusión es que este señor ha podido ver en persona --no en los libros de historia-casi todas las graves crisis que contuvo el siglo XX.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Si, además, no se trata de un simple señor mayor que se dedicaba a otra cosa y lo que veía no lo entendía mucho, o le interesaba poco, hay un valor agregado sumamente decisivo como para prestarle la debida atención. En algunas de tales crisis económicas y de mercado, participó como funcionario de la Fed primero. Y como titular de ésta, después. Y hay allí más valor agregado: porque estuvo en la «caldera del Diablo» de la problemática, sabiendo muchísimas cuestiones: que casi todo el mundo ignoraba (y debe acumular muchos secretos de aquellos momentos). Si este hombre se anima a decir que esto resultará lo peor, desde la Segunda Guerra hasta esta parte, hay que buscar un lugar seguro como para ejercer la defensa. Y sin salir al descampado, a ofrecer lucha suicida.
Todos pensamos lo mismo: ojalá que sea exagerado, que se equivoque. Que, de pronto, varíe la situación y se encamine de una vez. Pero preferimos la hipótesis de mínima y, como a Greenspan lo respetamos tanto por la condición de sabiduría como de longevidad, hacemos notar en esta columna que: no se lo tome a la ligera. Viene bien recordar que cuando todo esto empezó a mostrarse, con las primeras señales de que había problemas en el sector inmobiliario, el primer personaje de renombre que tiró la luz de alerta, públicamente, fue Greenspan. En aquel entonces, muchos meses atrás, lo reflejamos en estas líneas y lo difundimos con los mismos argumentos de ahora: ojo, porque no es un operador bursátil. Ni un banquero improvisado. Tampoco es un llamado «analista» de los que tiran tres por veinte, a ver si aciertan. Es un veterano de muchas guerras de mercados y de los que escasean, con tantas medallas sobre el pecho. Cada uno elija las opiniones más confiables: nosotros tomamos nota de lo que diga Alan.
Dejá tu comentario