17 de abril 2026 - 15:39

Inflación y Vaca Muerta: lo bueno y lo malo para Argentina de la baja del petróleo

El nuevo escenario deja a la Argentina en una posición ambigua. Por un lado, se beneficia en el corto plazo con menor presión inflacionaria y menor costo de importaciones energéticas. Por otro, pierde parte del viento de cola que representaban los precios altos para consolidar su perfil exportador.

Incluso con la caída reciente, el petróleo sigue por encima de los niveles previos al conflicto, lo que refleja que el sistema energético global aún no se normalizó completamente.

Incluso con la caída reciente, el petróleo sigue por encima de los niveles previos al conflicto, lo que refleja que el sistema energético global aún no se normalizó completamente.

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El Brent llegó a desplomarse más de un 10% y perforó la barrera de los u$s90, con jornadas en las que incluso tocó los u$s85 por barril, en un movimiento que refleja el alivio del mercado ante la posibilidad de normalización del flujo energético global. La baja se explica por la expectativa de que el tránsito marítimo —por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial— comience a recuperarse tras semanas de bloqueo y ataques cruzados.

Este nuevo escenario invierte por completo la lógica inicial del conflicto, cuando el cierre de Ormuz disparó el precio del crudo por encima de los u$s100 y encendió alarmas inflacionarias a nivel global.

Pero como suele ocurrir en la economía energética argentina, la baja del petróleo no es una buena noticia lineal: tiene ganadores y perdedores.

El lado positivo: alivio inflacionario y menor presión externa

Uno de los principales efectos favorables para la Argentina tiene que ver con la inflación. La caída del precio internacional del petróleo debería reducir la presión sobre el precio de los combustibles y, por arrastre, el de toda la cadena productiva, que subieron más de 20% desde que comenzó el conflicto en Medio Oriente. Un barril más barato implica menores costos para el traslado de bienes, desde alimentos hasta insumos industriales.

Además, hay un impacto directo sobre el frente externo. Argentina sigue siendo importadora de energía en determinados momentos del año, especialmente durante el invierno, cuando necesita comprar gas natural licuado (GNL), y se estima que se necesitarán unos 25 en los próximos meses. Un petróleo más barato suele arrastrar a la baja otros precios energéticos, lo que reduce el costo de esas importaciones.

Esto es clave en un contexto de escasez de dólares. Menores precios internacionales implican una menor salida de divisas, algo que el Gobierno busca desesperadamente para sostener la estabilidad cambiaria.

En paralelo, la caída del crudo también relaja las tensiones globales. Los mercados financieros reaccionaron con subas generalizadas tras la reapertura de Ormuz, lo que mejora el clima internacional y puede favorecer a economías emergentes como la argentina.

El lado negativo: menos ingresos y presión sobre Vaca Muerta

Sin embargo, no todo es alivio. La baja del petróleo golpea de lleno a uno de los motores estratégicos de la economía: el desarrollo de hidrocarburos no convencionales, especialmente en Vaca Muerta.

El modelo de crecimiento energético del país en los últimos años se apoyó en precios internacionales altos, que permiten rentabilizar inversiones intensivas en capital. Cuando el barril cae, los márgenes de las empresas se reducen y los proyectos pueden perder atractivo.

El impacto no es menor si se considera que Argentina apuesta a convertirse en un exportador neto de energía en los próximos años. De hecho, un estudio de la Cámara de Empresas Productoras de Hidrocarburos (CEPH) que, por los efectos de la guerra, los altos precios del petróleo y el gas y una mayor actividad en Vaca Muerta, el país podría sumar unos u$s10.000 millones por año al superávit de la balanza energética.i

A nivel global, la caída del precio también golpea a las grandes petroleras, cuyas acciones sufrieron fuertes bajas tras el desplome del crudo. Este dato es relevante porque muchas de esas compañías son actores clave en proyectos energéticos locales.

Un equilibrio inestable: precios más bajos, pero con volatilidad

Más allá del impacto inmediato, hay un punto clave que los analistas remarcan: la baja del petróleo no implica estabilidad.

Gustavo Araujo, Head of Research, de Criteria explicó que: "El restablecimiento total del tránsito de contenedores a través del estrecho de Ormuz ya se refleja en el precio del crudo: el Brent cae cerca de 10%. En este contexto, se observa la lógica -y esperada- rotación en los mercados de equity globales, particularmente en EEUU donde, más allá de atravesar una temporada de resultados moderadamente positiva, ejerce presión sobre el sector energético —especialmente petroleras— en favor de otros segmentos como industriales y tecnológicas.

!Más allá de esta coyuntura y aun si se asumiese una resolución total del conflicto, no esperamos que los precios de la energía regresen a niveles pre-crisis. En este marco, es razonable anticipar que, en el mediano plazo, las acciones del sector energético continúen capturando dicho valor adicional. Este argumento es particularmente válido para las compañías locales, que seguimos considerando como las más atractivas del mercado accionario local", añadió.

El mercado sigue condicionado por factores geopolíticos. La reapertura del estrecho de Ormuz es parcial y depende de un alto el fuego frágil. Cualquier escalada podría volver a disparar los precios en cuestión de días.

De hecho, incluso con la caída reciente, el petróleo sigue por encima de los niveles previos al conflicto, lo que refleja que el sistema energético global aún no se normalizó completamente.

Además, la recuperación del suministro no será inmediata. Las interrupciones en la producción, el transporte y el refinado pueden tardar meses en resolverse, lo que mantiene un piso relativamente alto para los precios.

Argentina, entre el alivio y la oportunidad perdida

El nuevo escenario deja a la Argentina en una posición ambigua. Por un lado, se beneficia en el corto plazo con menor presión inflacionaria y menor costo de importaciones energéticas. Por otro, pierde parte del viento de cola que representaban los precios altos para consolidar su perfil exportador.

En términos estructurales, el dilema es claro: un petróleo caro favorece a Vaca Muerta pero castiga la macroeconomía; un petróleo barato alivia los precios internos pero debilita el desarrollo energético.

La clave estará en cómo evolucione el conflicto en Medio Oriente y, sobre todo, en la capacidad del país para sostener inversiones energéticas incluso en escenarios de precios más bajos.

Porque si algo dejó en evidencia esta crisis es que el problema no es solo el nivel del precio del petróleo, sino su volatilidad.

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