5 de mayo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Y por allí leímos que algunos operadores internacionales volvían a recomendar a los «emergentes», haciendo cierta distinción para papeles argentinos. Opinión que no merece otra consideración que decir que es simplemente eso: una opinión. Lo que no sabemos es de qué modo se arriba a la conclusión, cada uno muestra el producto final y no los componentes utilizados para ello. Especialmente, si se toma lo bursátil como si fuera un simple competidor de otros recintos. O si se tiene en cuenta el contexto donde está inserto.

Si es por lo primero -que no es lo correcto- se puede coincidir en que al revisar la nómina, los rubros, el presente y la proyección, es posible confeccionar un listado de títulos aptos para competir con los de otros lugares. Y dejando bien representada a la comunidad accionaria de la Argentina. Algunos se harán más atractivos todavía, debido a la escasa evolución que ha venido soportando nuestro mercado desde hace un tiempo largo.

Pero nos parece que la visión cambia si se ubica a los mercados insertos en el panorama político y económico de cada país. La cuestión no deja de ser subjetiva -habrá quienes están opinando que todo marcha bárbaro, en ambas cuestiones-, pero nosotros les colocamos un gran signo de interrogación a los dos grandes propulsores -política y economía- y debemos restarle puntos a la opción local, quedando relegada en función de otros mercados que ofrecen lo suyo. En estos días hablamos bastante -porque era ineludible hacerlo- del rotundo salto de Brasil y sus activos, que se convierten en los más apetecibles y están aptos para recibir todo tipo de inversión internacional. Sumado a otras señales que también le han sido muy estimulantes, y que han dado la vuelta al mundo por las pantallas. Y mucho nos tememos que -como a veces sucede en Bolsa- «la ganancia de unos sea la pérdida de otros...».  

Tormentos circundantes al ámbito bursátil, problemática interna en cuanto a sociedades que prosiguen sin que se les reconozca el «ajuste por inflación» en sus cifras. Costos que continúan trepando y comiendo márgenes, políticas de precios vigilados (aunque muchas veces ya no se los pueda controlar). Gremios que simulan que todo está correcto en los índices, pero solicitan incrementos salariales acordes a la inflación real, que ellos también conocen. Y la posibilidad de querer incentivar más el consumo, para que el proceso inflacionario demande más leña a la caldera (más pedidos de aumentos y más suba de precios).

Un conjunto que constituye toda una mochila, que cada título local carga sobre su valuación, por mejor que sea en otro aspecto. Y esto nos hace poco confiables.

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