7 de mayo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

«Advierte la CGT sobre una espiral inflacionaria»... y suena como una bofetada, si es que al ciudadano todavía le interesa algo de lo que ocurre y extrae conclusiones. Porque la CGT, ni más ni menos, le coloca ahora una burda lápida a toda defensa que se quiera seguir ensayando sobre la medición INDEC que hacen dibujar mensualmente.

La central obrera, notoria aliada del gobierno, no habla de alguna insinuación inflacionaria. Lo que menciona es ya una «espiral inflacionaria». Correspondería hacerse presentes en señal de protesta, porque a los trabajadores les están falseando un indicador vital. Hablan también del riesgo «por la puja entre los precios y los salarios». Si bien la supuesta solución dista de ser armoniosa, para ellos las empresas deben asumir la pérdida de rentabilidad. En tanto, los gremios seguirán pidiendo lo que se les antoje, en función de una inflación real que es un índice fantasma, que nadie convalida desde el gobierno y al que la misma CGT no discute, pero se maneja con lo otro. Otra postal de un país al que se le ha salido la chaveta, donde hay montón de cuestiones que se sabe que no son ciertas pero que se dejan correr como si lo fueran.

Algo así puede que nos esté sucediendo en nuestra tan afligida Bolsa, a la que seguimos tratando como si estuviera operando en un contexto normal, pero donde la gran mayoría -por no decir todos-sabe que estamos al costado del listado, acosados por tantos riesgos juntos: que multiplican el riesgo natural de cualquier otro recinto. Se procura buscar virtudes en papel por papel, en balance por balance, colgarle el sugestivo rótulo de «muy baratas» a nuestras acciones. Pero, nadie acude al llamado. Y es que lo intrínseco de un mercado se diluye frente a la extensión de los centros que le transmiten sus estímulos y su energía. Ejemplo: la suba de la Bolsa en Brasil, en su fondo, no vino armada desde la bondad de sus títulos cotizantes, sino de haber recibido el país la condición para ser considerado en «grado de inversión». Después sí, entrarán a jugar los factores que hacen a su mercado bursátil. Pero nunca antes.  

Hoy por hoy, y mañana será otro día, no podemos competir ni de cerca con los vecinos; no por la calidad de nuestros papeles, sino por el contexto que rodea a un mercado y a otro. En verdad, no se sabe bien a quién le podremos competir con nuestra mochila de desaguisados en cadena. Difícil que se pueda nombrar a los recintos de cierta tradición e importancia en la región; acaso con aquellos que están en una segunda, tercera categoría. Y de los bonos ni hablar, especies que también ocupan un lugar. Están fuera de toda competencia (sólo que llamen a Chávez).

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