Cupones bursátiles

Economía

Otra foto para el recuerdo..., la de altos directivos del banco Bear Stearns saliendo a la calle flanqueados por efectivos del FBI, detenidos y esposados. Sin taparles la cabeza a los delincuentes -como aquí se utiliza- y debiendo mirar a las cámaras bien de frente, por haber sido hallados responsables por pérdidas de más de 1.000 millones de dólares, de los inversores. Fraude en transacciones de activos financieros, conspiración, además de utilizar información privilegiada. La fiscalía sostuvo que en marzo de 2007, estos directivos estaban en autos de que los fondos que gestionaban: «Corrían peligro de quiebra por la difícil situación». Y ocultaron a sus inversores esa seguridad del riesgo que se corría, pretendiendo que la gente prosiguiera invirtiendo y con la esperanza de poder salir a flote, sin que nada se supiera. Un considerando de la fiscalía luce como regla de oro, ahora vulnerada: «Los inversores de fondos de alto riesgo tienen derecho a confiar en aquellos a los que entregan sus dineros...».

Por otra parte, Henry Paulson -secretario del Tesoro- solicitó que se otorgue más poder a la Reserva Federal, como para poder intervenir a tiempo de estabilizar al sistema, cuando se ve amenazado. En una palabra: más regulación a las entidades. ¿Y quién puede oponerse a ello, salvo los propios banqueros? En un mundo donde ya las finanzas se han convertido en un circo romano (con los inversores indefensos, ante los leones) no se puede seguir combatiendo los efectos, por más que a ciertos responsables se los pueda llevar a la cárcel. Aunque esto luzca apropiado, al menos penalizaciones duras y la búsqueda de culpables, el dinero que se ha perdido no se recupera más. Y tampoco la defraudación a quienes -justamente- entregaron su dinero a personas que utilizaron entidades para hacer un desastre.  

A uno se le aparece la contrafigura, cuando compra, y el contraste es mayúsculo con lo que no sucede aquí. Irresponsables y defraudadores los hemos tenido en buena cantidad -alguno inventó la teoría de la «imprevisibilidad», para no pagarle a nadie- y después de enviar entidades a la quiebra y gran cantidad de inversores a la desesperación: vuelta a vuelta se los hallaba caminando, tranquilamente, por el centro (o queriendo armar otra compañía). Lo curioso es que, cada vez que se habla de subir penalidades y encuadrar debidamente al «delito económico»: los que suelen oponerse son los legisladores (o buena parte de ellos), además, claro, de los propios interesados en seguir haciendo tropelías con castigos mínimos. O ninguno. Los del Norte ya no son lo que eran -están más permisivos-, pero, de vez en cuando, al menos dejan una foto: para el recuerdo.

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