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17 de julio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Esto de: «Bush urge al Congreso a aprobar medidas de apoyo...», nos sonó a música conocida. Habría que decirle al presidente norteamericano que instale unas cuantas carpas para hacer una «movida» latina de modo enterizo.

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Sabe el lector que tal urgencia está referida a inyectar dineros en dos entidades paquidérmicas, que ya se estaban encaminando al comentario de los elefantes bancarios.

Y el hombre tiene mucha prisa, señal de cómo sigue pintando la situación por el Norte. Todos parecen vivir apurados, al límite en esta etapa de las economías y donde la que no está rajada por algún lado está muy cercana a mostrarlo. En el plan anunciado son otros « billones de dólares garantizados» que se agregan a los billones entregados a inicios del derrumbe. Y le siguen dando a la «maquinita» para mostrarse después preocupados por la inflación. Bernanke ya sin tapujos, como los que utilizara antes, deslizó «numerosas dificultades en la economía»: frase corta, que luce a modo de lápida para los que querían seguir propagando la creencia de que el ciclón estaba pasando.

Ahora Bush salió a meterle presión al Congreso. Curioso modo -difundido por todas partesde que un Poder Legislativo tenga que hacerse cargo de los desastres creados desde el Ejecutivo. Cuando se habla de «billones», lo más apropiado parece ser un análisis serio de la cuestión por parte de quienes deben votar y aprobar o modificar... o rechazar. O no se puede estar cumpliendo con el mandato del pueblo, debidamente. Flaco consuelo saber que en un país líder mundial se utilizaban ciertas modalidades que se sufren en nuestro medio. Quizás el nuevo siglo nos tenga reservadas otras sorpresas, donde lo democrático tradicional ceda paso a un verticalismo absoluto. Y donde el que gane una elección será dueño y señor de todo (y de todos).  

Lo cierto es que allá están más que delicados con su enfermedad económica y los remedios siguen sin dar los resultados pretendidos.

Promesa de secuelas que irán contagiando a las demás economías y donde la animosidad contra los gobernantes -Zapatero es un buen ejemplo europeo-y su falta de respuestas exitosas están creando un caldo de cultivo peligroso. Hoy estamos en el «día después» de nuestro propio Congreso y de ver quién ganó la insólita pulseada. Pero se abre otra zona de incertidumbres y mal haría el mercado en creer que se vuelve a una normalidad: «Sin vencedores, ni vencidos». Ergo, seguiremos con la tendencia a los saltos, como si hubiera que decidir a lomo de un toro mecánico.

Año terrible para lo bursátilmundial, que sigue sin poder medir dónde estará el fondo del pozo.

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