5 de agosto 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando Evo Morales, con patética honestidad, dice abiertamente -lo que otros practican con más astucia- que «la política está por encima de las leyes», de gran forma nos explica hasta qué nivel llegan los manejos de ciertos gobiernos americanos del siglo XXI. Y a partir de tal reconocimiento todo cabe, porque las leyes son enunciados inmutables y dan un marco fijo a las sociedades. Pero, la política es todo dinámica y siempre dependen los nuevos designios, de los gobiernos que detenten el poder en cada ocasión. Tanto explota la seguridad jurídica, como pueden sucumbir los valores indispensables que rigen la conducta total en un país.

El convencimiento de cierta cultura política que se ha diseminado en estos años, de que pueden los gobernantes estar por encima de las leyes, resulta la clave de ver tantos atropellos y de animar a acciones, que terminan por ocasionar una reacción. Morales ha ido más profundo todavía, cuando confesó que «busco lo que me propongo aunque sea ilegal». Y no contento con ello, acopió más argumentos sobre su forma de encarar la problemática que se le presenta. Y -según se menciona en nota de «El Mundo», difundida en Ambito Financiero del pasado jueves 31 de julio- ejemplificó, «cuando algún jurista me dice: Evo, te has equivocado jurídicamente. Yo sigo adelante con lo que me propongo, por más que sea ilegal. Después les digo a mis abogados: si es ilegal, hagan que sea legal, que para eso han estudiado...». Fundamento de tal pensamiento, es que «si uno se detiene ante la ley, jamás podría implementar los cambios que se ha propuesto. A veces hay que empezar, aunque sea errando, y que las formalizaciones vengan detrás...». Para nosotros, aunque ha tenido nada más que recuadro de los medios, esto ha sido uno de los grandes explosivos del año. No porque se quiera uno entrometer en cuestiones de otro país -ellos sabrán cómo tomarlo- sino por la sintonía que tiene Morales en la región, con gobiernos que claramente se anotan en la misma dirección: aunque no lo digan abierta, e inocentemente, como lo dijo Evo.

Por variadas actitudes que se han tomado, y que seguramente se seguirán tomando (como desarmar al INDEC y meter mano, groseramente, en sus indicadores) existe el modo de entenderlas, aunque no de justificarlas, en virtud de la cruda versión ofrecida por el presidente de Bolivia. Invertir, radicar capital, dar crédito al gobierno, en lugares donde las leyes puedan ser vulneradas, en virtud de «la ley» que disponga en cada caso una cúpula gobernante (pasible de ser desconocida por un gobierno que le siga) es llevar el riesgo natural del negocio, o la inversión, a límites insondables. Es una simple apuesta al azar, por ver un «pleno». O que le pasen el rastrillo.

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