13 de agosto 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Da lástima, mire, estar comentando balances nuevos -en la otra sección-cuando el escenario se ve tan cargado de ondas negativas. Algunas veces, hemos apelado a preservar lo recién llegado, reiterando piezas ya editadas, aguardando para que el ambiente, los inversores, estén con ánimo de apreciar esos fundamentos que entregan las empresas. Y que resultan el respaldo técnico a sus acciones. Pero ya da la sensación de que íbamos a tener que retrasarlos por largo tiempo, así que junto con el lunes arrancamos viendo lo presentado por Siderar, al pasado mes de junio. (Por la tarde, las acciones del Merval habían decaído un terrible 3,8 por ciento...). Fue una fecha que vino luciendo «rara» desde la misma mañana. Y donde, como si se tratara de pedidos expresos realizados, todos los medios pregonaban en su tapa de: «el gobierno dispuso salir a recomprar bonos, con u$s 250 millones...». Muchas de esas señales confusas continúan surgiendo en esta caldera del diablo de la economía local, que genera más actitudes impulsivas. Y el mismo día donde se aseguran las primeras planas, para comentar que el gobierno participaría en la plaza como comprador: por la tarde dejan que aparezca el nuevo índice de inflación -ridículo, como siempre-y que resultó uno de los principales verdugos de la salud de los bonos.

En una palabra, en la estrategia consumada puso en escena tanto al héroe como al villano. ¿O no era preferible terminar de lanzar lo malo para después rugir como el «salvador» y ayudando a los sitiados contra los indios?... En fin, ellos sabrán.  

Y cuando hablamos del gobierno con su aparición, haciendo semejante bochinche mediático, nos viene al presente una de las cuestiones que rompen con las leyes de oferta y demanda pública y libre. La imagen del «comprador declarado y permanente» es lo que perfora la idea de un mercado de tales características. Obviamente, también la contracara: cuando surge un vendedor que hace pública su oferta, de modo sistemático. Hubo casos muy resonantes en nuestro historial bursátil. Acaso, ninguno como aquello del Banade y la Caja de Ahorro de aquellos dramáticos días de un agosto del 76. Salir a vender, como lo hicieron, acciones de las arcas oficiales, resultó uno de los más abominables actos que se pueden registrar en la historial local.

Pero, tanto como declararse comprador, o vendedor, está gestando un ambiente artificial. Está distorsionando la tendencia natural de su mercado. Y también antes nos preguntábamos, y siempre, ¿cómo se debe sentir el que vendió días antes, semanas antes, de producirse el anuncio del fin de semana pasado: con el gobierno colocándose como sostenedor súbito, de lo que antes dejaba caer? ¿Cómo?

Dejá tu comentario

Te puede interesar