Economistas prevén un rebote de la economía

Economía

Los economistas Marina Dal Poggetto y Ricardo Arriazu coincidieron que el país enfrenta la oportunidad de reconstruir su economía, pese a la profundidad de la crisis desatada por el coronavirus.

Pese a la profundidad de la crisis desatada por el coronavirus, el país enfrenta la oportunidad de reconstruir su economía, según coincidieron los economistas Marina Dal Poggetto y Ricardo Arriazu en una exposición virtual organizada por IDEA.

Dal Poggetto consideró que “el principal escollo” que enfrenta la economía argentina es la discusión fiscal y planteó que existe la posibilidad de ir hacia la construcción de la moneda nacional en lugar de desembocar en una “disparada de la inflación”.

La directora de Eco Go sostuvo que desde el punto de vista del impacto económico de la pandemia, el país se encuentra en un rango medio en el contexto latinoamericano, con una caída en la actividad entre mayo y febrero últimos de casi 19%, más grave que la sufrida por Brasil (- 14%), pero mucho más atenuada que el derrumbe de 32% experimentado por Perú.

En cambio, se destacan los resultados sanitarios ya que Perú registró proporcionalmente seis veces más muertos que la Argentina, y Chile y Brasil unas cinco veces más.

Ante la imposibilidad de colocar deuda, como lo hicieron países vecinos a tasas de 2,5 a 4% anual, el país tendrá que realizar una fuerte emisión monetaria, según Dal Poggetto, estimada en 1,7 billones de pesos para lo que resta del año.

La economista prevé que el déficit primario del sector público se ubicará en torno de 7 puntos del PBI, en tanto que la actividad económica registraría un retroceso de 12% en el año.

Consideró que el dólar oficial se encuentra en un nivel competitivo, que las tarifas están menos retrasadas que en el pasado y el país tiene superávit externo. Con relación al dólar resultante de la operaciones en el mercado de títulos, estimó que el contado con liquidación se encuentra en un nivel históricamente elevado, parecido al alcanzado al 2002, y consideró que no están dadas las condiciones, ni globales ni locales, para que continúe el overshooting, pero advirtió que esto dependerá de cómo se implemente el programa oficial.

Asimismo evaluó como otro elemento favorable que los vencimientos de la deuda se han ido despejando tas la renegociación con los acreedores privados. También señaló que la pandemia provocó un aumento en la demanda de pesos y frenó la puja distributiva, como lo demuestran las negociaciones salariales por aumentos relativamente moderados como el 30% de camioneros o el 26% de los bancarios.

Dal Poggeto concluyó que el país cuenta con la oportunidad de “bajar la nominatividad de las variables económicas”, es decir reducir la inflación, pero ello dependerá a su juicio, entre otras cuestiones, de que se normalicen las cuentas fiscales.

Estimó que si se lograra bajar el déficit primario a 2% la inflación del año próximo podría rondar el 34% con un crecimiento de casi 8%. En cambio, en un escenario de continuidad del actual déficit fiscal, el crecimiento sería nulo y la inflación podría escalar a los tres dígitos.

El escenario más probable para 2021: recuperación de 5,5% del PBI, déficit de 3,5% y una inflación del orden de 48%.

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Destrucción

Por su parte, Ricardo Arriazu se refirió a estudios internacionales que dan cuenta que las medidas de confinamiento tienen como consecuencia una gran destrucción de la oferta, del orden de 30%. Señaló como elemento positivo que ha disminuido la letalidad del Covid 19, ya sea porque ha perdido potencia el virus, porque se está tratando mejor la enfermedad o por el impacto estadístico de los mayores testeos ya que se estima que más del 80% de los casos son asintomáticos.

En este contexto señaló que el mundo está implementando soluciones que pasan por aislar a los grupos que presentan mayores riesgos de contraer la coronavirus (adultos, personas con enfermedades preexistentes) y permitir un retorno al trabajo del resto de la población aplicando precauciones y testeos.

Consideró que para el cortísimo plazo el objetivo de la Argentina debe ser “evitar el colapso social (algo que se está logrando) y la quiebra de las empresas (no tanto)”.

Relativizó los riesgos de la emisión monetaria al considerar que el total de los pasivos crecieron menos de 50%, es decir, a su juicio, una cantidad elevada pero no excesiva. También descartó la posibilidad de una hiperinflación ya que, a su juicio, los episodios de esta naturaleza se dieron cuando se produjo un aumento descontrolado del dólar oficial porque el Banco Central se quedó sin reservas en divisas. Coincidió con Dal Poggetto que el dólar oficial no está atrasado.

Arriazu predijo que a corto plazo la economía “rebotará” pero consideró “fundamental” que la expansión se dé por aumento del gasto privado, en un contexto de mejora de la confianza, y no por expansión del gasto público.

Para el mediano plazo consideró que el país debe duplicar la tasa de crecimiento y así reducir la pobreza. Al respecto consideró necesario encarar mejoras estructurales que impliquen una baja del riesgo país y un aumento en la competitividad.

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