Dal Poggetto: "El riesgo es que el desequilibrio monetario encienda la mecha"

Economía

Cómo saldrá el mundo de la crisis del Covid-19, qué puede pasar con la negociación de la deuda externa, cuáles son las proyecciones 2020 y lo que viene después, algunos de los temas abordados.

Marina Dal Poggetto conoce muy bien los vericuetos fiscales y el intríngulis de la economía real, y dentro de su cauto optimismo advierte que la situación futura, de por sí aún incierta, posiciona al Gobierno en un delgado equilibrio de precios relativos con el riesgo de que el desequilibrio monetario pueda encender la mecha. Claro que todos los pronósticos están atados a cuándo y cómo será la salida de la cuarentena, aún así vislumbra una caída del PBI del 11%/13% este año y un déficit fiscal primario de entre 7%/8% del PIB. Sobre un probable futuro programa económico Dal Poggetto opina que el éxito del mismo debería estar en el manejo de la puja distributiva donde los salarios se negocien en función de una expectativa de inflación futura y no intenten recuperar lo que perdieron en los últimos dos años. A continuación, los pasajes más relevantes de la entrevista que mantuvo con este diario.

Periodista: ¿Cómo imagina que se irá saliendo de la actual situación global?

Marina Dal Poggetto: El pico de la recesión global se concentró en el II trimestre. En cuanto las cuarentenas se empiezan a levantar, las economías rebotan, algo que no es muy difícil cuando se parte de niveles cercanos a cero. Claro que esto se va dando en forma solapada a medida que la curva de contagios se ameseta y después se desploma. China ya volvió a los niveles previos, en tanto en Europa y EE.UU. se observa un rebote significativo de la actividad en relación al piso de abril y mayo. Esta dinámica está rezagada en el mundo en desarrollo donde el pico de los contagios siguió de largo y aún no alcanzó máximos. Las imágenes de “la normalidad” en los países que empiezan a abrir no es tan distinta de la que había antes de la pandemia. También es cierto que sin vacuna que asegure la inmunización, el temor al rebrote sigue estando latente y de hecho la propia OCDE hace proyecciones de crecimiento para la economía global en 2020 y 2021 con o sin “segunda ola”.

P: En esa futura normalidad, que aún no se sabe cómo será, ¿cree que será un mundo con más inflación o deflación?

M.D.P.: Es difícil pensar que haya una escalada en la inflación global en lo inmediato. La enorme inyección monetaria con bancos centrales comprando acciones y deuda de empresas evitó la deflación y sus consecuencias sistémicas. A mediano plazo no es tan evidente. Es probable veamos un cambio significativo en la dinámica en los precios relativos. A diferencia de los últimos 30 años, cuando la globalización derivó en una caída secular en el precio de los bienes, con servicios y commodities al alza (sobre todo durante los 2000), en el mundo que viene es esperable una dinámica opuesta: servicios abaratándose en términos relativos con el salto en la productividad a partir del aumento obligado del teletrabajo, precios de los bienes encareciéndose en un mundo menos globalizado, y precios de commodities donde la capacidad para aumentar la oferta limita las subas. Una inflación más alta ayudaría resolver el sobreendeudamiento de los países desarrollados, y ciertamente complicaría el escenario para los emergentes.

P: En el caso de la Argentina, con recesión y cuarentena... ¿cómo visualiza el día después, ya que el Gobierno no podrá dejar de asistir a sectores formales e informales?.

M.D.P.: Con la vuelta a la fase 1 en el AMBA la expectativa de que se sostenga el rebote respecto al desplome de abril que reflejan con claridad los indicadores de movilidad de Google de mayo y junio, se diluye. La caída en el año va a ubicarse entre 11% y 13% dependiendo de cómo se vaya dando la salida de la nueva cuarentena. Si bien ésta es más laxa que la primera, no alcanza al interior del país y hay más sectores habilitados, lo cierto es que la capacidad para mantener en pie a empresas “agotadas” a las que no se les habilitó la flexibilidad en sus costos mientras permanecen cerradas es cada vez mayor. La capacidad para transformar el rebote técnico pospandemia en crecimiento, va a estar asociada en 2021 a la capacidad para estabilizar la demanda de pesos frente al shock monetario que transita la economía en estos meses. Y esto va a depender del desenlace de la saga de la deuda, de la capacidad para consolidar las cuentas fiscales, que este año cerrarían con un déficit primario entre 7% y 8% del PIB, de que se avance en un acuerdo con el FMI que descomprima los vencimientos que se concentran entre octubre 2021 y 2023, y de la capacidad de la política para coordinar la puja distributiva.

P: Suponga que cierra el año con estos números: ¿cómo se desata todo esto?, ¿cómo sigue?, porque el BCRA habrá acumulado flor de deuda para asistir al Tesoro...

M.D.P.: El BCRA ya emitió $1,2 billones para financiar al Tesoro en lo que va de 2020 y resta una emisión de al menos $2,5 billones adicionales hasta fin de año teniendo en cuenta el déficit proyectado, un rollover de los vencimientos de pesos cercano al 80% y el devengamiento de los pasivos remunerados del BCRA. Estos pesos que el BCRA está retirando con pasivos remunerados volverían a fin de año a los niveles de 2017, un 12% del PIB frente a los 4,5% del PIB en las elecciones de octubre pasado.

P: Sin embargo siguen las quejas por el atraso cambiario y la inflación reprimida...

M.D.P.: En la foto, y como contracara del ajuste violento que ya lleva dos años y medio los precios relativos están mucho más alineados. Claro que el adelanto cambiario convive con una brecha cambiaria muy alta manejada con controles crecientes que generan incentivos perversos en la dinámica del sector externo, precios internos de los bienes contenidos por la política mientras los costos escalan, tarifas que empiezan a rezagarse de nuevo, y una puja distributiva de momento agazapada por la pandemia. Un equilibrio muy delgado con riesgo cierto de que el desequilibrio monetario encienda la mecha.

P: Hace mucho hincapié en la puja distributiva, es porque coincide que de esto se sale con el famoso Consejo Económico y Social (sobre todo por las reformas que hay que encarar).

M.D.P.: Sería una oportunidad. No sólo para apuntalar la estabilización de la economía en el marco del ordenamiento mencionado de la macro, sino para encarar la agenda pendiente de la competitividad sistémica que permita insertamos en el mundo que viene.

P: ¿Está la sociedad para dar ese debate?

M.D.P.: Nunca lo está, se requiere de liderazgos que en vez de avivar la grieta y echarle la culpa al anterior encaren de una vez esta discusión. El zig zag permanente de la política que intenta dar señales internas a la coalición de Gobierno mientras negocia con los bonistas y deberá hacerlo con el FMI, no ayuda. Tampoco un Gobierno que intentó capitalizar el éxito inicial en el manejo de la pandemia sin asumir y/o procurar distribuir los costos económicos asociados.

P: ¿Qué lectura hace de la negociación de la deuda externa?

M. D.P.: Sin acceso al financiamiento, Argentina estaba obligada a ir a una reestructuración con el sector privado. La no transición, y la demora una vez arrancada la gestión actual descapitalizó al BCRA vía el uso de reservas para pagar vencimientos. Vale recordar que sólo el 15% de los u$s30.000 millones que vencían en 2020 correspondían a deuda con legislación extranjera. A siete meses de iniciado el Gobierno, casi dos del rechazo a la primera propuesta, el Gobierno sigue negociando. Ayer se anunció el acuerdo con uno de los tres grupos de bonistas y apuntan a romper el segundo. Pero si bien las diferencias se achicaron significativamente con un corrimiento de u$s13 respecto a los u$s40 de la oferta inicial, todavía hay dudas sobre la capacidad de cerrar un acuerdo sin holdouts, sobre todo en los bonos del canje 2005/2010 que requieren mayorías mucho más altas que los globales.

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