Después de 57 años, Macri se va de la construcción
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Francisco Macri
En esta etapa, dicen en sus cercanías, el acento de las inversiones de Macri estará puesto en la fabricación de autos Cherry en el Uruguay, un joint venture con socios chinos, y en el mantenimiento operativo del ferrocarril que une Buenos Aires con el Pacífico. Las razones de esta decisión estratégica podrían ser tres:
En el mercado viene circulando la versión de que la empresa Austral Construcciones, cuyo accionista principal es Lázaro Báez, podría ser uno de los interesados en quedarse con IECSA y Creaurban. La versión incluye otros nombres, de desarrolladores extranjeros y también locales, pero el del constructor patagónico parecería ser el más firme.
De todos modos, la decisión sorprende por más de una causa: hace poco más de un año Macri había decidido que IECSA se convirtiera en el holding operativo que concentraba bajo su sello todas las actividades del grupo, quedando SOCMA como el vehículo para las inversiones de la familia.
La reestructuración también comprenderá entonces la necesidad de crear una nueva empresa holding.
Según su Web site, IECSA se especializa en grandes proyectos de obras privadas y públicas, viales, ductos, puentes, líneas de transmisión eléctrica, obras de arquitectura, energía, petróleo y gas, petroquímica, industrial y saneamiento.
Por su parte, Creaurban está vendiendo dos torres en Puerto Madero (Mulieris y Torres del Yacht) en sociedad con grupos como Fernández Prieto o un fondo canadiense que se quedó con la mitad de las unidades puestas en venta en la primera. También está desarrollando el megabarrio privadopara clase media y mediabaja Miraflores, en Monte Grande.
La «conexión China» de Macri dio un paso adelante el mes pasado, cuando se firmaron los últimos contratos con Cherry Automobile Co., la automotriz de ese país con la que desarrollarán los vehículos Tiggo (una 4x4 con tecnología de Lotus) y el «QQ», un vehículo económico de 800 cc cuyo nombre local seguramente deberá ser modificado.
Ambos modelos se harán en Montevideo, en una antigua planta de ensamblado que conserva Macri desde sus días de Sevel, cuando era licenciatario para el Río de la Plata de las marcas de Fiat y de Peugeot. En buena medida, los vehículos (unos 25.000 por año) se harán con autopartes argentinas; según fuentes del grupo, cuando la planta de Uruguay quede chica, Macri podría reabrir su planta de Berazategui, en la que hasta la década del 90 se fabricó el Fiat Uno. De hecho, a partir de hoy, la torre SOCMA en Catalinas se poblará de rostros de ojos almendrados: una veintena de ingenieros chinos comenzará a trabajar allí para armar la cadena de autopartistas, entre otras tareas.
Desde lo político -se dice en sus cercanías-, Macri está decidido a tratar de convencer a sus colegas de América latina de la necesidad de aliarse a China en lugar de enfrentar lo inevitable: su creciente influencia en la región. Como se recordará, en los 90 había creado el grupo Columbus para intentar aglutinar al empresariado latinoamericano alrededor de ideas muy diferentes, experiencia que no cuajó. «Ahora, con la integración de América latina, Franco ve más posibilidades de avanzar en ese proyecto», dice la fuente.



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