Detrás del mito del "se sale creciendo"

Economía

Muchos políticos y colegas profesionales declaran que para salir de la crisis hay que crecer, lo cual hasta esta altura resulta una obviedad. Por eso hay que transformar la premisa “se sale creciendo” por el interrogante: “¿cómo se crece?”.

La respuesta a dicho cuestionamiento puede ser vía expansión del gasto público. Los que argumentan que vamos a salir creciendo por éste camino deberían responder a una segunda pregunta: ¿de dónde piensan sacar los recursos para solventar el gasto público? Existen tres fuentes de financiamiento: incremento de impuestos, mayor deuda o emisión monetaria.

En el primer caso, si se incrementan los impuestos la actividad económica no va a variar ya que implicaría únicamente una transferencia de ingresos de un sector a otro. Pero no un crecimiento económico.

Nuestro país posee un régimen impositivo que reduce el poder adquisitivo de los hogares, las empresas y los inversores. Además, contrae la producción, provoca un estado creciente de malestar social e imposibilita que la economía pueda crecer de forma sostenida en el tiempo.

Por otra parte, los impuestos al consumo, como el IVA, reducen la demanda de bienes por la reducción directa del ingreso de los individuos. Los impuestos al trabajo reducen el salario de los trabajadores. De esta forma se le saca plata a la gente que la podría gastar, ahorrar o invertir, en lugar de dársela al Estado cuyos fines, seguramente, no sean muy productivos.

Los impuestos a las utilidades de las empresas reducen la inversión en detrimento de la producción de bienes más baratos y de mejor calidad. Asimismo, al haber menos inversión presente, la actividad futura es menor. Por ende, se hipoteca el bienestar futuro de toda la gente.

Entonces, si lo que se quiere es que la economía crezca, los impuestos no son una vía plausible de aplicación. En el segundo caso planteado, endeudarse tampoco es un camino a seguir cuando se está reestructurando la deuda. Así si lo que se desea es crecer expandiendo el gasto público (lo que de ninguna manera suscribo) el último camino que queda es la emisión.

Lamentablemente la demanda de pesos está cayendo, es decir, nadie quiere pesos en sus bolsillos. Este es resultado de una secuencia de malas decisiones en materia monetaria que provocaron la paulatina desvalorización del peso y explica por qué a pesar de que éste año se redujo el ritmo de emisión, los precios siguieron subiendo.

Si se relaja la política monetaria, inyectando pesos que nadie quiere en la economía, entonces la moneda comenzará a perder valor con más fuerza y caeremos en una fuerte espiral inflacionaria. Hay que destacar que los principales perjudicados con la inflación son las personas más pobres que no se pueden proteger.

Este camino no provocará crecimiento económico, sino todo lo contrario, agudizará aún más la crisis económica. Es por ello que para verdaderamente crecer es necesario implementar reformas estructurales. Porque lo que en realidad necesitamos es que se le devuelva la confianza a la gente. Que el capital que la falta de medidas económicas de largo plazo se llevó al colchón o al exterior, se gaste o la coloque en el banco. Esta es el camino más sensato para “ponerle plata en el bolsillo de la gente” sin hipotecar su futuro y fomentando el crecimiento económico.

(*) Analista de la Fundación

Libertad y Progreso

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