6 de enero 2021 - 07:46

Guzmán analiza la deuda y la enfermedad en tiempos de pandemia

El ministro de Economía, Martín Guzmán, publicó en Project Syndicate una columna de opinión en la que analizó la situación de la deuda y los efectos de la pandemia en la economía global. 

Tenemos que construir una economía más tranquila, destacó Guzmán.

"Tenemos que construir una economía más tranquila", destacó Guzmán.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, publicó en Project Syndicate una columna de opinión en la que analizó la situación de la deuda y los efectos de la pandemia en la economía global.

Ésta es la columna firmada por Guzmán:

La pandemia del COVID-19 sin duda será recordada como uno de los episodios más difíciles de la historia del capitalismo moderno. No obstante, para los diferentes países resulta difícil de diferentes maneras, lo cual se refleja en las políticas que han adoptado los gobiernos, y en ninguna parte las dificultades son mayores que en los países muy endeudados.

En Argentina, la pandemia atacó en un momento en que el país no tenía acceso al crédito. En ese contexto, comenzamos y finalizamos una reestructuración de la deuda soberana que, por primera vez, puso a prueba las cláusulas de acción colectiva (CAC) que se convirtieron en el nuevo estándar del mercado en 2014.

En 2016, Argentina recuperó el acceso a los mercados de crédito internacionales después de una larga batalla legal con los "fondos buitre", como se les llama a los bonistas que se lanzan a comprar deuda en situaciones de estrés financiero o default, se mantienen fuera del proceso de reestructuración subsiguiente y luego litigan para obtener un mejor acuerdo que el que obtuvieron los bonistas reestructurados. Al hacer manifiestas las fallas de la arquitectura internacional para resolver las crisis de la deuda soberana, las tribulaciones de Argentina prepararon el terreno para reformas. A fines de 2014, la Asamblea General de las Naciones Unidas lanzó un proceso para crear un marco formal para la reestructuración de la deuda soberana; tras el respaldo brindado por la Asociación Internacional de Mercados de Capitales en 2014, las CAC vincularían de ahora en adelante a las minorías a las decisiones de las mayorías calificadas.

Argentina tomó prestados unos 42.000 millones de dólares con este nuevo lenguaje contractual. Sin embargo, en 2018, las expectativas del mercado sobre sus perspectivas cambiaron, desencadenando una crisis cambiaria profunda y prolongada que hizo insostenible la deuda pública denominada en moneda extranjera del país. Argentina recurrió al Fondo Monetario Internacional, que otorgó un préstamo sin precedentes de $ 57 mil millones, posiblemente basándose en la creencia de que el país solo atravesaba una crisis de liquidez temporal.

Para otros, sin embargo, estaba claro que Argentina se enfrentaba a un problema más fundamental de inconsistencia macroeconómica e insostenibilidad de la deuda. Por lo tanto, cuando el gobierno actual, en el que me desempeño como ministro de Economía, asumió el cargo en diciembre de 2019, inmediatamente iniciamos una reestructuración de la deuda soberana para volver a colocar a la deuda en un nivel sostenible y, por lo tanto, permitir una posterior recuperación económica. Con ese fin, el Congreso Nacional autorizó al gobierno a utilizar una cantidad limitada de reservas en moneda extranjera del banco central para continuar cumpliendo con los pagos de la deuda hasta cierto límite, evitando así caer en un default desordenado mientras realizamos la reestructuración.

Uno de los primeros pasos en este proceso fue trabajar con el FMI para definir los términos de sostenibilidad de la deuda, es decir, cuánta deuda podría permitirse razonablemente pagar el país sin incurrir en costos inaceptables, como podría ser un marcado aumento de la pobreza o el desempleo. Al final, tanto nuestro gobierno como la misión del FMI produjimos análisis que fueron muy similares en términos del alivio que se necesitaría para restaurar la sostenibilidad de la deuda.

Luego, iniciamos negociaciones formales con los tenedores de bonos del país sobre la base de estas evaluaciones realizadas con anterioridad a la pandemia. Sin embargo, en cuestión de días, el COVID-19 azotó a Argentina, forzando una completa adaptación logística para las negociaciones. El proceso de negociación se llevó a cabo casi en su totalidad a través de Zoom, y después de unos meses de intensas conversaciones, Argentina y sus acreedores llegaron a un acuerdo.

Los acuerdos negociados le ahorrarán a Argentina más de $ 37 mil millones de dólares en pagos de deuda durante la próxima década, al reducir la tasa de cupón promedio (en dólares estadounidenses) de alrededor del 7% a casi el 3%. Además, debido a la activación de las cláusulas de acción colectiva, la proporción de deuda reestructurada se amplió de una alta tasa de aceptación del 93,5% hasta una del ​​99% y a una del 100% para el stock de bonos que se habían emitido con sujeción a las CAC posteriores a 2014.

Este proceso ha aportado varias lecciones para las futuras reestructuraciones de la deuda soberana. Primero, el papel del FMI, ya sea positivo o negativo, es de una notable importancia. Los analistas reconocen ampliamente que el Fondo a menudo ha retrasado y socavado reestructuraciones durante las últimas cuatro décadas; esta vez, su rol contribuyó positivamente al proceso de restauración de la sostenibilidad de la deuda.

En segundo lugar, las CAC mejoradas ciertamente ayudan, pero no son suficientes. Las diferencias de opinión entre acreedores y deudores pueden dar lugar a procesos de resolución prolongados y, por tanto, a nocivas consecuencias económicas y sociales. Para complementar las nuevas CAC, debemos mejorar la arquitectura internacional para la reestructuración de la deuda soberana (una tarea que ha asumido, aunque aún de forma algo tímida, el G20 en el contexto de la pandemia).

En tercer lugar, ni siquiera los marcos mejorados pueden superar los problemas no resueltos en la economía política de un país. Los acreedores privados siguen siendo poderosos y pueden generar una intensa presión de lobby para asegurar sus propios intereses. Sus esfuerzos pueden ser especialmente eficaces para socavar los esfuerzos y la legitimidad no solo de las autoridades gubernamentales sino incluso de los funcionarios del FMI.

Dicho esto, la reestructuración de Argentina en 2020 se benefició del apoyo generalizado de actores altamente influyentes a nivel mundial. Además del FMI, 150 académicos de renombre internacional (incluidos varios premios Nobel), miembros del G20 y el Papa Francisco respaldaron el proceso. También hubo un apoyo generalizado dentro de la sociedad y el Congreso Nacional aprobó rápidamente dos leyes que fueron fundamentales para llevar a cabo una reestructuración ordenada.

Tal como están las cosas, la pandemia probablemente dejará a varios otros países con una deuda en situación problemática que tendrá que resolverse para asegurar una recuperación económica. Pero muchos de estos países carecerán de la capacidad del gobierno argentino para garantizar condiciones de negociaciones equilibradas.

En el contexto habitual de poder asimétrico, varios de estos gobiernos enfrentarán demandas irrazonables de los acreedores. Tendrán que mantenerse firmes para defender los intereses de los pueblos a los que representan. Para que las naciones soberanas tengan la oportunidad de resolver sus crisis de deuda adecuadamente, es necesario instituir un marco internacional para mitigar los desequilibrios de poder que tan a menudo dejan a los países endeudados en peor situación.

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