8 de mayo 2020 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

Alberto, entre ser el héroe de las Termópilas o declarar el 9° default. Cuidado con la maquinita. Por ahora la inflación duerme (mejor no la despierten). En Europa dice que encontraron la vacuna.

Salvador Allende y Miguel Pesce.

Salvador Allende y Miguel Pesce.

Los contendientes están velando las armas. Silencio Stampa. Especulaciones y rumores. Lo cierto es que Alberto Fernández ¿querrá que lo recuerden por el 9° default?. Si es así, ingresará a la extensa lista de fracasos económicos de la historia argentina de los últimos 70 años. Uno más. Pero seguro que no le entusiasma que la Historia lo recuerde por cientos de miles de argentinos fallecidos por una pandemia del Siglo 21.

A diferencia de lo que se cree en el mercado local e internacional, la vicepresidenta no tercia en la decisión. Ella deja hacer y espera. Mientras, teje su madeja de poder. Así que lo que se verá como resultado final de la reestructuración será Alberto copyright. La gente espera que prime la sensatez, aunque las encuestas digan que no quieren pagar la deuda, y que no haya un nuevo default, porque de ser así el sufrimiento será mayor de lo que quede tras la pandemia.

Hoy el único que aporta, como en la perinola del déficit fiscal, es el BCRA, todavía comandado por Miguel Pesce, a quien tras el alejamiento de Vanoli, todos miran por el salto del billete verde. En todos los encuentros virtuales entre analistas, banqueros, gestores, economistas y consultores, la lotería era estimar cuánto va a emitir el BCRA este año. Los números dan escalofríos. Pero como recordaba un legendario conocedor de la historia económica, la emisión a mansalva es un alto riesgo sobre todo en un país como la Argentina, bimonetario. Citó varios ejemplos, incluso de la región. Como Allende en Chile en los ‘70, que comenzó emitiendo al 200% anual con una inflación del 22% y en su último año siguió emitiendo a ese ritmo pero la inflación saltó al 600% anual. Tarde o temprano el exceso de pesos se sentirá. Otro colega advirtió que brechas cambiarias del 70% como las actuales son para momentos de crisis, que anticipan fuertes devaluaciones. El dólar a $120 es desmedido. Pero es el precio de mercado. Aunque sea de un mini-mercado chino.

Todo esto obligó a los economistas a rehacer los números del sector externo bajo la niebla espesa del Covid-19 y los datos son inquietantes. Por ahora de inflación todos hablan poco. Hasta el segundo semestre, donde se verá, si todo sale bien con la cuarentena, adónde irán los pesos que sobren.

En medio del “tole-tole” del canje y la pandemia, en un zoom bioceánico un gestor europeo comentó que podrían haber encontrado la vacuna. Claro, se refería a un antivirus financiero, que para sorpresa de los participantes del otro lado del Atlántico, no eran sino los bonos catástrofe. Estos bonos, 100% colateralizados cuyo cupón y devolución del principal depende de que no ocurra un desastre natural de una tipología y magnitud concretas y predefinidas, ofrecen en la actualidad cupones de entre el 7% y el 8%, y hay bancos privados que ya los están introduciendo en las carteras de sus clientes a través de fondos. Se los utiliza como herramienta para descorrelacionarse con los mercados.

Estos bonos “cat bonds” se comenzaron a emitir a medidos de los ‘90, recordó un viejo hombre del mercado criollo con historia en Wall Street, justo después del huracán Andrew (1992), considerado uno de los fenómenos naturales más desastrosos de la historia de EE.UU. (dejó tras de sí pérdidas económicas de más de u$s26.000 millones y provocó la bancarrota de algunas aseguradoras). La rentabilidad de los bonos catástrofe no depende de la evolución de las tasas de interés ni de la solvencia de las compañías, solo de que no se produzcan catástrofes naturales como huracanes, terremotos o inundaciones. A favor tienen una baja volatilidad y sus vencimientos son solamente de medio plazo, entre tres y cinco años. Las compañías aseguradoras los emiten porque así trasladan al mercado una parte de su riesgo, y los suelen comprar fondos de inversión, planes de pensiones o hedge funds.Durante desastres como el huracán Katrina (2005), los bonos catástrofe suelen tener caídas del 10% en promedio, pero luego se recuperan muy rápido. Para minimizar los riesgo en cartera, el experto aconsejó “vacunarse” teniendo muchos de estos bonos diversificados por tipologías y áreas geográficas, lo que en la práctica significa comprar un fondo de inversión especializado en “cat bonds”. Es más, el Banco Mundial había emitido hace años bonos que el rendimiento estaba vinculado a la aparición de un pandemia o no. El Covid-19 le pegó duro al estratega del organismo internacional.

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