Devaluación: un naufragio exitoso
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Al revisar esta lista de algunas de las «bajas» de la devaluación, nos queda la imagen de un general que festeja por haber ganado una batalla, pero a quien no le quedó un solo soldado vivo. Seguramente la respuesta de los defensores de la devaluación será que lo comentado es el coletazo de la caída de la convertibilidad. Sin embargo, no tienen en cuenta que, al momento de la devaluación, el Banco Central tenía 83% de aval en dólares del total de pasivos financieros, lo que hubiera permitido sostener el tipo de cambio con toda comodidad.
La decisión, política y no técnica, de mandar a la «quiebra» al Banco Central como consecuencia del default del Estado nacional no tuvo el menor sentido. La autoridad monetaria era independiente y una persona jurídica distinta del Estado, con un patrimonio (sus reservas en divisas) propio. Lo único que se logró es sumar a la cesación de pagos a las empresas con deudas en dólares que no fueron pesificadas, terminar de destruir el sistema financiero con la reprogramación y la pesificación y empobrecer a todos los argentinos. No es necesario recordar que, luego de casi dos años, el Sector Público Nacional sigue en cesación de pagos y su deuda (gracias a la exitosa devaluación) pasó de 53,7% del PBI a 145,5% en la actualidad y de 2,9 veces sus ingresos totales a 7,2 veces.
Por otro lado, el «corralito» implementado en noviembre de 2001 no tuvo que ver con la convertibilidad, sino que fue una mala solución a un problema de liquidez del sistema financiero. El Banco Central no era responsable por los depósitos de los bancos, más allá de la parte que habían depositado como liquidez en dicha institución. Lamentablemente, la confusión surgió debido a que en el BCRA conviven dos funciones distintas, el sostenimiento del valor de la moneda y la de superintendencia y asistencia del sistema financiero, siendo la primera su prioridad según la Carta Orgánica vigente en 2001.
Respecto de que la falta de competitividad era la razón de la recesión vigente desde el 1998, no tiene en cuenta que, a 2001, las exportaciones estaban aumentando y la demanda interna cayendo. Esta última representaba el total de la producción de bienes y servicios del país; por ello, era la que determinaba el rumbo de la economía. A partir del tercer trimestre de 1998, la Argentina vivió el impacto de dos shocks externos importantes. La crisis rusa que puso en duda la estabilidad del plan real brasileño y, por ende, la convertibilidad argentina. La devaluación brasileña de principios de 1999, que incrementó la incertidumbre sobre una posible caída del peso local. A eso se sumaron las elecciones presidenciales en la Argentina con un potencial cambio de presidente y de partido en el poder, cosa que históricamente fue caótica. Durante la posterior gestión del gobierno de la Alianza, la fuerte y continua caída de la credibilidad (del crédito) del gobierno que terminó de estallar a finales de 2001.
• Retracción
A mayor percepción de riesgo, menor financiamiento externo de la demanda doméstica y, además, menor propensión a consumir e invertir la menor disponibilidad de recursos. Por ello, es que todos estos factores de incertidumbre creciente implicaron una gran retracción del gasto doméstico que arrastró a la producción de bienes y servicios. La solución pasaba por un gobierno que recreara esa credibilidad perdida. No parece que la mejor forma de recuperar la confianza luego de una crisis institucional y de la declaración de la cesación de pagos del sector público fuese:
a) devaluar quebrando la estabilidad y previsibilidad monetaria y cambiaria; b) las violaciones de contratos, derechos de propiedad e instituciones que provocaron las medidas que el gobierno instrumentó para paliar las consecuencias desastrosas de dicha «solución»; c) terminar de volver impagable la deuda pública, aun en el largo plazo. Que me disculpe el señor ministro, pero si éstas son las medidas de lo que él considera un éxito, no me queda más que desearle futuros fracasos, por el bienestar de todos los argentinos.




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