17 de julio 2001 - 00:00

Diálogos de Wall Street

(El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales -personificado como Gordon Gekko, el protagonista de la película Wall Street de Oliver Stone-, quien se muestra poco optimista sobre la tendencia de la Bolsa neoyorkina. Sostiene que seguirán los ajustes en las empresas. Entramos en una temporada donde los balances no serán halagueños, pero puede haber gratas sorpresas sobre el segundo semestre.)

Diálogos de Wall Street
PERIODISTA: Las expectativas de un rally de verano en Wall Street, de una suba tras el feriado del Día de la Independencia, han quedado congeladas tras las últimas malas noticias que arrojan las empresas.

Gordon Gekko:
En un trimestre en el que las compañías que conforman el SP500 van a anunciar que sus ganancias cayeron 17% con respecto a un año atrás, esperar un rally no deja de reflejar un rasgo tenaz de optimismo. Las firmas de tecnología reconocerán un declive en sus utilidades superior a 65%.

P.: Sin embargo, se respiraba la inminencia de un rally en el aire.


G.G.:
No lo dudo. Sucede que estos últimos diez días trajeron una catarata de malas noticias.

P.: En mal momento.

G.G.: Justo en el límite entre la temporada oficiosa de warnings (las famosas advertencias) y la estación más favorable de difusión oficial de los balances.

P.: Aguaron la fiesta.

G.G.: No hay mal que por bien no venga. Creo que hay mucha desesperación por retornar a un escenario en la Bolsa como el que vivimos en los años de oro entre 1996 y 2000. Y a decir verdad, la mesa no está servida para lanzar un nuevo mercado alcista, para resucitar el vibrante bull market de los '90. Paciencia.

P.: Usted sostiene que la economía está mejorando.

G.G.: Lo está. Pero una cosa es esquivar una recesión y otra, muy distinta, es descontar una economía regresando a un sendero de expansión de 4% (o más) como en 1996-2000. Me parece que la velocidad de crucero, con suerte, puede estabilizarse entre 1% y 2%. Con la ayuda de la Fed, de la baja de impuestos y, sobre todo, de la perseverancia asombrosa en el gasto que revela el consumidor.

P.: ¿Será suficiente ese empuje para alentar una recuperación de las ganancias de las compañías?


G.G.:
No una recuperación rápida. Con el tiempo, empero, y, con los debidos ajustes en sus planes de negocios, las ganancias repuntarán.

P.: ¿Cuánto?

G.G.: Menos que ese 15% que los analistas conservan como estimación de largo plazo. La historia nos aconseja menos efervescencia. Las utilidades del SP500 han crecido 7% anual promedio a lo largo de los años. No esperaría grandes desviaciones con respecto a ese valor central.

P.: O sea que las empresas deberán persistir en las reducciones de costos.


G.G.:
Las reestructuraciones empresarias llegaron para quedarse. Y la debilidad que usted observa en el mercado de trabajo es su lógica contraparte. Es la manera de contener la presión alcista que ejercen los salarios.

P.: Presión que las firmas todavía no logran poner en caja.


G.G.:
Los salarios treparon 4,2% en los últimos doce meses según el informe de empleo de junio. Es una filosa dentellada en los márgenes de utilidad.

P.: Se destruyeron 114 mil puestos de trabajo en junio en los Estados Unidos ¿Me pregunto si la economía estará creciendo -aún en forma leve como usted dice- o si no se estará hundiendo nomás en recesión?


G.G.:
Tome el segundo trimestre en su conjunto -usted sabe que las cifras mensuales están sujetas a amplia revisión- y verá un recorte total de 90 mil empleos. Es una mejor aproximación al problema.

P.: No sugiere nada muy alentador tampoco.


G.G.:
En los primeros tres meses del año -cuando, no la economía, pero sí el mercado laboral aún conservaba vigor- se habían creado 96 mil empleos netos. O sea que estamos ante un punto de inflexión. Es la lectura más pobre desde el primer trimestre de 1992.

P.: De cuando la economía estaba en recesión.


G.G.:
No. Ya había salido. Un año antes. Pero la recuperación se produjo a cuentagotas, de manera casi imperceptible. O sea es un registro asociado a un muy bajo nivel de actividad. Inferior diría a un avance de 1% en el PBI del segundo trimestre. Pero recuerde que habitamos una «nueva era». ¿O ya lo olvidó?

P.: El boom de productividad.


G.G.:
Si el boom asoma su rostro, aunque sea de perfil, usted puede tener destrucción neta de empleo y avance moderado del PBI. No lo descarte. El lado positivo que yo encuentro es que mientras la productividad cayó en el primer trimestre. 1,2%, probablemente haya remontado entre abril y junio. Si las compañías encuentran maneras de aumentar su productividad, podrán sortear mejor los obstáculos que comprimen su cuadro de resultados.

P.: Parece un dilema. Aumentos de productividad acarrean mayores ganancias, pero a su vez debilitan la creación de empleos. Si la estabilidad en el trabajo está en juego, a la larga, se socava la propia confianza del consumidor.


G.G.:
El mejor de los mundos es aquel donde la demanda aumenta con tanta fuerza que incrementos de productividad, de empleos, de ganancias y de ingresos van de la mano.

P.: Estamos lejos de ese paraíso.


G.G.:
No tan lejos. El problema es la dirección, no la distancia. El drama consiste en que venimos de ahí. Esa fue la síntesis de la segunda mitad de los '90. Una combinación de bajas expectativas de inflación y una Fed deseosa de experimentar con los límites de la política monetaria nos dejó tocar el cielo con las manos. Pero temo que no encontremos el camino de regreso. Es una cuestión de fe: hay que hallar un totem que reemplace la adoración que supo despertar, en su momento, la tecnología.

P.: ¿Me gustaría retornar a la pregunta del comienzo. Se cancela el rally de verano?


G.G.:
En principio se posterga el lanzamiento. Entramos de lleno en la temporada de balances. Y ello remueve el sesgo fuertemente negativo implícito que impera en la antesala de warnings. Ya sabemos que no hay nada atractivo que esperar de la primera mitad del año, pero las empresas pueden sorprender con sus perspectivas para lo que resta de 2001. Hay un margen para sorpresas positivas, y hay liquidez, hay combustible, para alimentar el fuego si se dan las chispas que lo enciendan. De largo plazo, pero, mi impresión es que el mercado bear, bajista, no ha vuelto a la cueva del oso...

Dejá tu comentario

Te puede interesar