Disparate: sorpresivos 5 proyectos

Economía

Quizás el sindicalista Hugo Moyano haya llegado al paroxismo. Con el abogado cegetista Héctor Recalde proyecta 5 leyes a proponer al Congreso. Recalde le responde y la Casa Rosada se lo hizo diputado y titular de la Comisión de Legislación Laboral que, obviamente, perdió toda objetividad. Los 5 proyectos son retrógrados ya que disminuirán la actividad productiva pero son lanzados dentro de la misma picardía gremialista -que aún encuentra incautos- por la cual se largan 3 de máxima para lograr 2 de mínima que igualmente son perjudiciales para la producción. Es como cuando les dicen a las empresas «tal aumento salarial o les metemos los sindicalistas a controlar la contabilidad». Es la forma dislocada en que se dialoga en la Argentina y que usan también gobiernos cuando dicen al transporte «o no aumentan el boleto o los obligamos a usar los impresos oficialmente en la Casa de Moneda». Lo peor es que este desvarío gremial de Moyano -que cada vez necesita ser más extremista para mantenerse al frente de la CGT cuando lo repudia la gente por sus métodos extorsivos y no lo quieren ni sus propios cofrades «gordos» de gremios grandes- es posible que se sancione porque el gobierno Kirchner implantó el pensamiento antiempresas casi como norma fija de su gestión.

Lo que parecía apenas un par de ocurrencias luce ya como un paquete de reforma laboral completa, por la cual el gobierno pretende regresar, también en materia de Derecho del Trabajo, a los años 70. Sólo faltan Ricardo Otero y Lorenzo Miguel. Hasta a Carlos Tomada, el ministro del área, le resultan casi vergonzosas las iniciativas que avanzan desde otro sector del oficialismo. Por eso ayer desmintió tener algo que ver con ellas. El autor de las reformas es alguien más cercano, tal vez, al juego de poder del kirchnerismo que el propio ministro. Nada menos que Héctor Recalde: inspirador intelectual de Hugo Moyano (es cierto: le luce poco), candidato a diputado en la lista de «paladares negros» que encabezó la senadora Cristina Kirchner, presidente de la Comisión de Legislación Laboral de la Cámara en nombre del Frente para la Victoria y, además, jefe de asesores de la misma comisión. Como su jefe Moyano, también Recalde verifica una tendencia a tomar todo: como se ve, se asesorará a sí mismo.

Antiguo colaborador de Saúl Ubaldini en la misma dependencia del Congreso, Recalde está exhumando ahora los proyectos que dejó olvidados en la cajonera de la Cámara. Son varias iniciativas, todas tendientes a agregar rigidez al mercado de trabajo y justificadas en que el gobierno militar instaurado en 1976 barrió con los derechos de los trabajadores, que nunca fueron respuestos plenamente, como suele argüir este abogado (otros factores, como el derrumbe del estado de bienestar a escala planetaria, pesan menos en su interpretación). La batería de proyectos es ambiciosa, audaz, constituye en sí misma una modificación completa al régimen laboral y podría ser vista como un nuevo homenaje de Kirchner a la calma que mantiene frente a la escalada inflacionaria el camionero Moyano. . El primero de esos proyectos de Recalde retoca un pequeño artículo procesal. En vez de prescribir a los dos años, las transgresiones al Derecho del Trabajo podrán ser llevadas a la Justicia hasta 10 años después de que se produjeron los hechos. No hay que explicar: la propuesta quintuplica en el tiempo la conflictividad en este campo, que queda asimilado al comercial.

• La otra ocurrencia de este abogado de Moyano (el otro, Juan Rinaldi, está administrando por orden de Kirchner los fondos de las obras sociales), es eliminar los topes indemnizatorios en todas las actividades. Cada especialidad tiene, en el régimen actual, un monto determinado para computar las indemnizaciones por despido, de tal manera que no terminen siendo impagables: Recalde quiere terminar con eso.

• Una tercera iniciativa consiste en
fijar una indemnización básica de dos meses de sueldo para el despido sin causa, cualquiera haya sido la duración del vínculo laboral. ¿Habría algún piso temporal? Para este diputado podría establecerse en tres meses.

• El cuarto proyecto que se discutirá en estos días es una modificación al artículo 66 de la Ley 20.744 de Contrato de Trabajo, por la cual
se considerará despido sin causa a todo cambio en la forma y modalidad de prestación de un trabajo si atañe a su esencia o afecta material o moralmente al trabajador.

• Finalmente,
Recalde propone que no se trabaje los domingos, salvo en aquellos comercios o locales gastronómicos atendidos por sus dueños o sus familias. Sólo queda por definir si ese feriado se extenderá desde la tarde del sábado -como pretende el proyecto original- o si rige sólo para el domingo.

La trama de intereses que se esconde detrás de estas iniciativas de
Recalde es bastante evidente. Tanto que el abogado ayer intentó morigerar el efecto de sus pretensiones diciendo que se trata de viejos papeles. También de un viejo país. Es cierto: son arcaicos -basta leer su contenido-, pero Recalde los incluyó en el orden del día de la próxima reunión de esa comisión para darles tratamiento inmediato.

• Autohomenaje

La mano que mece la cuna es, en este caso, la -por decirlo a lo Kirchner-, «corporación» de abogados, a la que el matrimonio presidencial ya le dio su merecido cuando se trató el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura. En aquella ley, los abogados parecían, en el lenguaje de la senadora Kirchner, aves de rapiña en la representación de intereses opacos (parecía médica la doctora). ¿Será lo mismo ahora? Sea como fuere, Recalde se hace en este caso un homenaje a sí mismo en su calidad de abogado pleiteador, integrante -por otra parte- de una familia dedicada al conflicto laboral desde siempre: no sólo por la trayectoria, ya algo visible, de su hijo, sino más bien por la de su familia materna, los Slavin. Desde el mítico José hasta los más modernos Pablo y Eleonora, estos parientes de Recalde han de sentirse agradecidos por la conquista social que hizo el diputado para el gremio de los letrados.

• Marca

Si tres proyectos de los alentados por el oficialismo en el Congreso responden, sobre todo, a los intereses de estudios jurídicos, el cuarto lleva la marca invisible de Armando Cavalieri (Empleados de Comercio) y Osvaldo Cornide (CAME). Estos dos oficialistas de turno, quienes desde hace décadas animan el sector mercantil, abogaron ya el año pasado por la veda comercial de los domingos. El proyecto ingresó a la Comisión de Comercio sin pena ni gloria, a pesar de que Cavalieri fue allí a «vender» la iniciativa (nunca mejor aplicado el verbo, tratándose de esa comisión y de ese sindicalista). Subrepticiamente, Recalde encontró la forma de reanimar estas ideas en el gabinete que él preside.

Motiva sonrisas este reencuentro entre
Cavalieri y Recalde, dos actores principales de la escena laboral argentina que compartieron casa y comida en el pasado. Sobre todo por la adscripción de Recalde a la causa de Moyano, el máximo detractor de Cavalieri. Aunque ambos estén haciendo las paces en estos días, gracias a las gestiones del otro abogado, Rinaldi, en el reparto de subsidios de obras sociales. Siempre los une el mismo sentimiento.

Más allá de estas peripecias emocionales, la intención del proyecto dominguero es obvia:
ir contra los supermercados y grandes centros comerciales, que no podrían ser atendidos «por sus propios dueños», como quiere el texto de la ley. Salvo, claro -como se bromeaba anoche- en el caso de los que están en manos de coreanos y chinos, siempre numerosos y con un parecido que, a la mirada de occidentales, hace pasar por parientes a quienes no lo son.

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