Dos de los principales abanderados en la defensa de las fábricas argentinas son Alberto Alvarez Gaiani, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), y Aldo Karagosian, cuya familia es dueña de la principal hilandería del país y acaba de presentar en sociedad la denominada Fundación ProTejer, cuyo sola denominación exime de mayores explicaciones sobre sus propósitos. Lo llamativo del caso es que ambos dirigentes empresariales exhiben una larga historia personal de tener que vérselas con el proteccionismo brasileño.
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En el caso de Alvarez Gaiani, durante años intentó venderle fiambres y embutidos a una de las principales alimentarias brasileñas, Sadía.
Sin embargo, y a pesar de que su frigorífico cumplía con todas las especificaciones requeridas en materia de control de calidad, sanidad, etc., según cuenta el propio titular de la UIA, «siempre nos faltaba algo; conversábamos, cambiábamos lo que nos decían que teníamos que cambiar, volvíamos a Brasil, seguíamos conversando... Y la verdad es que jamás logramos venderles nada...»
El detalle que falta en esta historia es que el CEO, principal accionista de Sadía y viejo conocido de Alvarez Gaiani (era con él con quien llevaba adelante esas tratativas comerciales) era Luiz Fernando Furlán, actual ministro de Desarrollo de Brasil.
Por su parte, Karagosian también tuvo su «experiencia» con Brasil. Tal como la relata él mismo, «sabíamos que era casi imposible vender hilados desde la Argentina. Por eso decidimos instalarnos en San Pablo. No con una oficinita sino con una representación comercial en toda la regla. Estuvimos varios años, invertimos una fortuna y el resultado fue exactamente cero: jamás logramos exportar a Brasil ni un solo container de hilado. Y mire que nosotros entramos a mercados como Estados Unidos y Europa. O sea que teníamos la calidad, pero también el precio para ser competitivos allí, a pesar de lo cual, como le dije, nunca conseguimos que nos compraran nada. ¿Por qué? Creo que el empresario brasileño tiene lo que muchos argentinos desprecian: espíritu nacional, orgullo por lo propio, vocación de defender su industria...»
Cabe recordar aquí una conversación mantenida con el presidente de la poderosa ABRAS, que nuclea a todas las cadenas de supermercados de Brasil. «Cuando el real estaba uno a uno con el dólar, se importó cerveza «premium», que se vendía al mismo precio que la nacional. El fracaso fue total: la gente seguía comprando las locales...»
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