En la cosecha retórica que realizó Eduardo Duhalde en Brasilia, ayer, hubo un fruto imposible de conquistar. Luiz Inácio Lula Da Silva no se pronunció en favor de Néstor Kirchner en la interna peronista. Ni siquiera habló de lo ventajoso que sería para el Mercosur que haya en la Argentina un gobierno "productivista". El sueño de José Pampuro y Juan Carlos Mazzón, empeñados en bañar en izquierdismo al candidato oficial, se frustró. En parte porque Carlos Ruckauf está en contra de la candidatura de Kirchner y fue poco convincente en la sugerencia. Pero lo determinante fue una instrucción de Itamaraty a su presidente: "No entrometerse en política interior de los vecinos". Lula se limitó a decir que "ojalá los argentinos elijan el mejor gobierno para ellos". Corrigió anteriores expresiones anti-Menem y dejó en claro que para él el futuro argentino no está tan claro como lo pinta Duhalde, quien ayer proclamó a Kirchner como el próximo presidente.
«Lo felicito, señor presidente de la Argentina, por su obra de pacificación y normalización institucional que en algún momento, será seguramente reconocida», dijo Lula, y añadió que «Brasil, socio y hermano de la República Argentina, tiene un gran interés en la prosperidad argentina».
Tras estas palabras del mandatario brasileño, Duhalde saltó de su asiento y propuso un brindis general. Poco después dijo «yo ya me estoy yendo de la presidencia de la Argentina», casi dejando al descubierto que él mismo quisiera ser el Lula argentino, pero consciente de que ya no le es posible, y probablemente tampoco lo sea para su candidato.
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