Luego de la fuerte intimación lanzada esta semana, el secretario del Tesoro, John Snow, nombró ayer un delegado en China para que negocie «diplomáticamente» con las autoridades de ese país la liberación de la moneda oriental. Olin Wethington, quien representó al Tesoro en la reconstrucción económica de Irak y la reducción de su deuda, suplantará a Paul Speltz, director ejecutivo de EE.UU. en el Banco de Desarrollo Asiático, y será el encargado de asesorar a Snow en las tratativas con el gobierno chino para lograr un programa de cooperación entre ambas naciones.
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El objetivo es entablar conversaciones «diplomáticas» para convencer a las autoridades del país oriental de que modifiquen el régimen cambiario. «El énfasis estará puesto en instaurar una diplomacia financiera con los miembros del equipo económico de China y otros representantes de países de la región», aseguró ayer el portavoz del Tesoro, Tony Fratto.
Para ello será fundamental el desempeño de Wethington en su nuevo cargo, quien «deberá dejar claro la seriedad con la cual la administración de George Bush considera que la flexibilización del yuan será beneficiosa para China y para el crecimiento de la economía mundial».
El gobierno norteamericano lleva ya dos años pidiendo a China que modifique la paridad cambiaria que del yuan fijada en 8,28 unidades por dólar. Sin embargo, esta semana se reforzó la amenaza de imponer mayores restricciones al comercio con el país oriental, si China no acata las exigencias.
En su informe semianual, el Tesoro consideró «probable» que China sea nombrado « socio comercial manipulador» hacia fines de este año, si no modifica la política cambiaria.
La ira del Congreso estadounidense y de los principales grupos industriales norteamericanos va en ascenso, de la mano del crecimiento del déficit comercial con China, y a medida que el superávit comercial chino se acerca a niveles récord.
Washington exige la apreciación del yuan para evitar que el tipo de cambio actual continúe operando como un subsidio a las exportaciones chinas, que no sólo ganan mercado en EE.UU., sino que, además, están invadiendo las góndolas de otros países industriales miembro del G-7.
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