Efecto dólar alto
El ministro Carlos Tomada siempre resalta las bondades de la política oficial sobre los ingresos y el empleo en general. Se conocieron datos del INDEC que muestran lo contrario y en especial las consecuencias de mantener artificialmente el dólar alto. El PBI argentino hoy es mayor que el del 96; sin embargo, la pobreza también lo es. Además, según los datos conocidos el viernes, la distribución del ingreso es más regresiva y empeoró la condición relativa de los que menos ganan. No hay dudas de que mantener alto el tipo de cambio podrá favorecer a determinados sectores que no son precisamente los de la base de la pirámide salarial. Tampoco fallos y reformas laborales que, más que atentar contra empresas, lo hacen contra desempleados.
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Empleo: advierten que la informalidad persistente en América Latina pone un límite estructural a la baja de la pobreza
Tras la crisis de 2001, el diferencial de ingresos entre los más ricos y los más pobres era de
58 veces. Esta brecha indica cuánto más de ingresos tiene 10% de las personas que más gana
frente a 10% de la población que recibe menos. Ahora la diferencia se ha reducido a 36 veces.
El mismo nivel que a mediados de los 90 pero con una economía que crece a 8% anual.
«Es curioso el resultado que se obtuvo ante un cambio total de política económica y ante el fuerte crecimiento que registra el país en los últimos años», dijo Osvaldo Giordano.
Según el economista de IDESA, «la diferencia de ingreso depende en gran medida de la formación de las personas. Aquellas que tienen educación más baja no se benefician con el crecimiento, ya que trabajan en la economía informal. Esto está potenciado básicamente por las actuales normas laborales», aseguró.
El argumento se basa en que la gran brecha entre los ingresos de ricos y pobres tiene correlación en la diferencia entre los salarios formales e informales. Cerca de 60% de los trabajadores se desempeña «en negro». Con una inflación de 82% desde la crisis de 2001, los sueldos de los empleados informales se recuperaron 41%, mientras que los de los formales lo hicieron 75%.
Las condiciones de informalidad laboral son señaladas como determinantes también por Manuel Solanet, de INFUPA.
«Básicamente la falta de mejora en la distribución del ingreso se debe al crecimiento del trabajo informal. Se da porque la formalidad tiene un costo muy alto para los empleadores. Las altas tasas de desempleo presionan al mercado del trabajo y provocan que las personas acepten cualquier condición laboral, incluso la informalidad y los bajísimos salarios», señaló. Y agregó que «siempre el tipo de cambio más alto castiga a los asalariados. Esto explica el pico de desigualdad de 2002, pero el tipo de cambio real perdió terreno desde entonces; habría otras razones que deberían explicar la brecha actual. La inflación que rebotó en los últimos dos años es una de ellas, ya que es un impuesto que siempre castiga a los más pobres».
El manejo del gasto público es otro de los puntos que los economistas señalan como diferenciador. En materia de gasto social, el desembolso actual es 14% inferior al de 1996 y su administración es cada vez más ineficiente y desfocalizada. «Desdeel punto de vista de la distribución del ingreso, el gasto público social es una herramienta de importancia estratégica. Según el Banco Mundial, en Suecia la distribución del ingreso sin considerar la intervención del Estado es cercana a los patrones muy regresivos prevalecientes en Latinoamérica. Sin embargo, cuando se toma en cuenta la intervención estatal, el país aparece entre los más igualitarios del mundo», señala un trabajo de IDESA.




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