10 de julio 2006 - 00:00

Efecto dólar alto

El ministro Carlos Tomada siempre resalta las bondades de la política oficial sobre los ingresos y el empleo en general. Se conocieron datos del INDEC que muestran lo contrario y en especial las consecuencias de mantener artificialmente el dólar alto. El PBI argentino hoy es mayor que el del 96; sin embargo, la pobreza también lo es. Además, según los datos conocidos el viernes, la distribución del ingreso es más regresiva y empeoró la condición relativa de los que menos ganan. No hay dudas de que mantener alto el tipo de cambio podrá favorecer a determinados sectores que no son precisamente los de la base de la pirámide salarial. Tampoco fallos y reformas laborales que, más que atentar contra empresas, lo hacen contra desempleados.

Tras la crisis de 2001, el diferencial de ingresos entre los más ricos y los más pobres era de58 veces. Esta brecha indica cuánto más de ingresos tiene 10% de las personas que más ganafrente a 10% de la población que recibe menos. Ahora la diferencia se ha reducido a 36 veces.El mismo nivel que a mediados de los 90 pero con una economía que crece a 8% anual.
Tras la crisis de 2001, el diferencial de ingresos entre los más ricos y los más pobres era de 58 veces. Esta brecha indica cuánto más de ingresos tiene 10% de las personas que más gana frente a 10% de la población que recibe menos. Ahora la diferencia se ha reducido a 36 veces. El mismo nivel que a mediados de los 90 pero con una economía que crece a 8% anual.
Pese al fuerte crecimiento de la economía, el mantenimiento del dólar alto como política base oficial está provocando que no haya avances en indicadores clave como la distribución del ingreso o pobreza. Muestra de esto es que el PBI es hoy 26% superior al de 1996, pero la pobreza cubre a 34% de la población mientras que hace 10 años no llegaba a 27%. La desigualdad social, reflejada en la brecha entre ricos y pobres, también empeora. Hoy, 10% de la población de mayores ingresos recibe 36 veces más que los que menos ganan. Es la misma relación que existía en 1996, pero con un PBI mayor.

Oficialmente siempre se sostuvo lo contrario. Pero claramente impulsar un dólar alto implica tener salarios bajos. Incluso en el dato que el viernes pasado difundió el INDEC sobre la distribución del ingreso se utilizó -por «sugerencias» del Ministerio de Economía- un ardid que hacía mejorar el resultado a informar.

Se empezaron a contabilizar las personas que no tienen empleo entre el 10% más pobre. Esto significa que, con la creación de puestos de trabajo como actualmente ocurre, mejora aunque sólo contablemente la performance de los estratos más bajos.

  • Retribución baja

  • «En el modelo de tipo de cambio alto se crece aumentando empleo, pero no mejora la desigualdad. Cuando un país se acerca al desempleo friccional (al pleno empleo) y tiene 30% de pobres quiere decir que hay mucha gente que trabaja jornada completa pero gana menos que la canasta básica de pobreza», aseguró ayer a este diario Miguel Bein, ex secretario de Programación Económica.

    El dato que más llama la atención a los economistas es que mientras se registraba una reducción de la brecha entre ricos y pobres desde el fuerte diferencial salarial de 58 veces entre el que más gana y el que menos percibe de 2001, consecuencia de la devaluación, este año la tendencia cambió y comenzó un aumento. En el primer trimestre del año, esa diferencia fue de 36 veces, mientras que en el último período de 2005 había sido de 32 veces.

    «Es curioso el resultado que se obtuvo ante un cambio total de política económica y ante el fuerte crecimiento que registra el país en los últimos años», dijo Osvaldo Giordano.

    Según el economista de IDESA, «la diferencia de ingreso depende en gran medida de la formación de las personas. Aquellas que tienen educación más baja no se benefician con el crecimiento, ya que trabajan en la economía informal. Esto está potenciado básicamente por las actuales normas laborales», aseguró.

    El argumento se basa en que la gran brecha entre los ingresos de ricos y pobres tiene correlación en la diferencia entre los salarios formales e informales. Cerca de 60% de los trabajadores se desempeña «en negro». Con una inflación de 82% desde la crisis de 2001, los sueldos de los empleados informales se recuperaron 41%, mientras que los de los formales lo hicieron 75%.

    Las condiciones de informalidad laboral son señaladas como determinantes también por Manuel Solanet, de INFUPA.

    «Básicamente la falta de mejora en la distribución del ingreso se debe al crecimiento del trabajo informal. Se da porque la formalidad tiene un costo muy alto para los empleadores. Las altas tasas de desempleo presionan al mercado del trabajo y provocan que las personas acepten cualquier condición laboral, incluso la informalidad y los bajísimos salarios», señaló. Y agregó que «siempre el tipo de cambio más alto castiga a los asalariados. Esto explica el pico de desigualdad de 2002, pero el tipo de cambio real perdió terreno desde entonces; habría otras razones que deberían explicar la brecha actual. La inflación que rebotó en los últimos dos años es una de ellas, ya que es un impuesto que siempre castiga a los más pobres».

  • Gasto social

    El manejo del gasto público es otro de los puntos que los economistas señalan como diferenciador. En materia de gasto social, el desembolso actual es 14% inferior al de 1996 y su administración es cada vez más ineficiente y desfocalizada. «Desdeel punto de vista de la distribución del ingreso, el gasto público social es una herramienta de importancia estratégica. Según el Banco Mundial, en Suecia la distribución del ingreso sin considerar la intervención del Estado es cercana a los patrones muy regresivos prevalecientes en Latinoamérica. Sin embargo, cuando se toma en cuenta la intervención estatal, el país aparece entre los más igualitarios del mundo», señala un trabajo de IDESA.
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