6 de marzo 2007 - 00:00

El chubasco sin ganas de amainar

El chubasco sin ganas de amainar
Apenas seis ruedas atrás, el Merval marcaba un máximo histórico que -si bien en términos de dólar estaba aún lejos de aquellos valores de la "década del 90"- nos retrotraía al nivel del 28 de octubre de 1997 (o desde el otro extremo al del 4 de octubre de 1991) alimentando las ilusiones de los "alcistas de siempre" que, apañados bajo el argumento de las elecciones y el de la "locomotora china", vendían a quienes quisieran -y no quisieran- escucharlos la idea de que "esto sobraba" para trepar 21 por ciento necesario para quebrar el máximo histórico en moneda dura (890.41 puntos el 1 de junio del 92). Apenas 36 horas (de negociación efectiva) más tarde, nos enfrentamos a la dura realidad -especialmente "dura" para algunos- de ver cómo el mercado se ha desplomado 12,38 por ciento reduciendo la riqueza bursátil al alcance de los argentinos (capitalización de la Bolsa de Buenos Aires) en casi 24.000 millones de dólares.

  • Excusas y explicaciones

  • Siguiendo lo que ya es un "clásico" en la negación de responsabilidades, podemos culpar a lo sucedido en el exterior por los malos tragos de estos días y 2,67 por ciento que perdió ayer el Merval (quedó en 1.944,12 puntos, negociándose 113 millones de pesos en acciones -para algunos, la peor señal-). Pero en pos de la coherencia intelectual, esto nos obligaría a reconocer algo que a no todos gusta y que es que tal vez el proceso de suba de los últimos años se vincula más a lo que ha estado sucediendo fronteras afuera que con las bondades que brindan nuestro suelo patrio y sus habitantes. El año pasado, los mercados financieros sufrieron "una paliza" cuando el Banco de Japón amenazó con un período de suba de tasas. Hoy parece que la advertencia no sirvió de mucho. Dolerá, pero a no asustarse que al decir del gaucho, "siempre que llovió, paró". Claro que eso sólo consuela a los que están a cubierto.

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