Trascendieron ayer las exigencias que el Grupo de los 7 -no el FMI sino un escalón más arriba- está planteando al gobierno argentino para dar por cumplida la metas del acuerdo con el organismo. Según graficara un funcionario del FMI a Ambito Financiero ayer, «son las mismas planteadas al ministro Lavagna en Boca Raton (sede de la última reunión del G-7), las que todavía no se cumplieron».
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Lo que más irrita a los funcionarios de las siete naciones más desarrolladas, es que además son de fácil cumplimiento por parte del gobierno de Kirchner y que por ello, concluyen de que «no hay buena fe». Cabe recordar que esa «buena fe» en la negociación con los acreedores es lo que permite al FMI seguir asistiendo a un país que se encuentra en cesación de pago con el sector privado. Hay un dato más importante aún y muy diferente a lo sucedido hace 30 días cuando el G-7 votó dividido (EE.UU., Canadá, Alemania y Francia a favor mientras que Italia, Gran Bretaña y Japón lo hicieron en contra) en la reunión de directorio del FMI: los siete países hoy tienen una posición común y es la de no habilitar antes del vencimiento de u$s 3.100 millones del martes 9 ninguna señal positiva como pretende el gobierno, si antes la Argentina no cumple con el pacto de Boca Ratón.
La Argentina debería dar los siguientes pasos en las próximas horas para contar con ese visto bueno:
• Debe ser firmado el decreto que designa a los bancos que participarán de la reestructuración de la deuda. Roberto Lavagna hizo el anuncio pero el decreto está demorado y hay cierta resistencia en el gobierno a que los nuevos títulos que se entreguen en reemplazo de los que hoy están en default, tengan jurisdicción legal en Nueva York. Para algunos allegados a Kirchner, es una entrega de la soberanía, cuando en realidad se trata de la sede habitual para resolver demandas que tienen las emisiones de deuda de los países emergentes.
• Debe anunciarse una agenda de reuniones con los acreedores que incluya al GCAB (siglas en inglés del Comité Global de Tenedores de deuda argentina). Es simplemente señalar las fechas en las que se reunirán con los diferentes grupos de acreedores.
• Un dato adicional es el rechazo que generó el esquema de los pagos a los bancos que participarán de la renegociaciónde la deuda. Lavagna habla de un «success fee» o premio por el éxito de la operación con una comisión máxima cuando la aceptación de acreedores llegue hasta 66%. Esto se entendió en el FMI que el porcentaje máximo de éxito de la operación que anticipa el gobierno es de 66%. Debe ser de 80% como mínimo. Y debe estar incluido en la carta que envíe Roberto Lavagna ( ahora a Anne Krueger) con la actualización del acuerdo.
Con la renuncia ayer de Köhler, la situación es aún más complicada ya que habrá demoras adicionales. De la reunión informal del miércoles en los cuarteles centrales del organismo, no surgió ninguna convocatoriani fecha de tratamiento del caso argentino. De hecho el calendario de las reuniones de la semana próxima figuran Filipinas, Sri Lanka, Pakistán y Gambia. No la Argentina aún. En el gobierno paralelamente no hay posición común, con Roberto Lavagna más propenso a acercar posiciones. El interrogante: ¿ volverá a presentar su renuncia tal como hiciera en agosto cuando Néstor Kirchner por 48 horas no pagó un vencimiento al FMI? Está claro que no es lo mismo manejar la economía de un país en default con el FMI que manejar la de uno que mantiene un acuerdo al día como hasta ahora.
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