17 de febrero 2004 - 00:00

El gobierno Kirchner insiste en estatizar

El gobierno Kirchner se entusiasmó con la posibilidad de hacer rentable el Correo que intervinieron y le sacaron a Franco Macri y, por tanto, mantenerlo de nuevo dentro del Estado. Es una ilusión, un dispendio más de fondos públicos como la rehabilitación de trenes de pasajeros que también funcionarios del gobierno -jugando a empresarios pero no arriesgando capital propio, desde ya- creen que «serán rentables». Ignoran el principio probado hasta el hartazgo de que cuando el capital privado -que sí tiene riesgo de quiebra y perderlo todo- no va a un negocio porque perderá menos debe ir el gobierno porque perderá el cuádruple o el quíntuple aunque, claro, no se empobrecen los funcionarios que «juegan a empresarios» sino todos los argentinos que aportan los fondos malgastados desaprensivamente por el Estado. Este Correo reestatizado está funcionando bien simplemente porque el Estado no se paga a sí mismo el canon elevado que le exigía a Franco Macri. Además, dentro del Estado se puede no pagarle a la AFIP, ni cargas sociales, no renovar tecnología y equipos limitándose a cubrir sueldos con decaimiento general de la empresa, algo que para un privado sería suicida y para el funcionario no porque cuando suceda ya no estará. El tren a Misiones dio promedio de 33 horas por viaje a un mes de su funcionamiento cuando un micro cubre el trayecto en 14 horas, tuvo dos descarrilamientos y tres veces tuvo que terminar completando el viaje de los pasajeros en micros.Además en uno de los descarrilamientos provocó un herido grave. ¿Se justifica haber puesto fondos del Estado en esto, operar otros servicios con igual desprolijidad (25 horas en otro tren a Tucumán), haber inventado LAFSA pagándole al personal de la ex LAPA (1.100 personas cuando Aerolíneas Argentinas piensa incorporar 1.700 y podía absorberlas) y el combustible ($ 3 millones mensuales) a Southern Winds, con el agregado de que el personal que cobra del Estado tiene más sueldo que el de la empresa privada subvencionada? Contra el «nuevo estatismo», incomprensible que alienta el gobierno, vale la pena mencionar el ejemplo de Educ.ar, empresa creada en el año 2000 (gobierno De la Rúa) con una donación de 11 millones de dólares de un argentino radicado en España, Martín Varsavsky. O sea uno de los argentinos a quienes siempre se le piden que repatrien capital (para peor el argentino Varsavsky lo ganó afuera). En «Clarín» salió una nota de Pablo Calvo, realmente aleccionadora para el gobierno, la izquierda criolla y los estatistas tipo Duhalde sobre las «bondades de estatizar» a la que son tan propicios. Veamos.

Un filántropo de prestigio mundial dona una pequeña fortuna a un país pobre, para que pueda instalar Internet en todas sus escuelas. La intención es noble, la plata es mucha. Los funcionarios se apoderan de la administración, calculan los réditos electorales del proyecto, suman a familiares a su ambición y se imaginan próceres de la Patria.

Alquilan una casona en Barrio Norte, 7.000 dólares por mes. Los gerentes ganan 5.400 pesos. Se gasta y se gasta, no ingresa un centavo. La planta de personal es enorme; el organigrama, infinito. Convierten la mitad de la fortuna en bonos de la deuda, que entran en default. En tres años, los sueldos de los empleados se consumen hasta las monedas de la donación y la empresa se derrumba.

No es un cuento de terror, es una historia real de la Argentina: la donación de 11.282.855 dólares que hizo hace tres años el empresario argentino radicado en España, Martín Varsavsky, para abrir el portal Educ.ar y conectar en la red informática a todas las escuelas del país, está a punto de esfumarse para siempre. Y, por eso, el gobierno analiza ahora la posibilidad de liquidar la empresa, manejada al comienzo por Aíto de la Rúa, de por entonces 24 años.

Todos los balances de la sociedad del Estado Educ.ar están en rojo y ninguna de las grandes metas anunciadas se cumplió.

Iban a conectarse las 37.000 escuelas del país, pero Educ.ar lo hizo con sólo 17 establecimientos rurales. Otras 5.000 escuelas lograron el acceso por las suyas.

Se calculó que iba a haber tres millones de visitas mensuales al portal, pero sólo se registra una décima parte. Se anunció que 600.000 docentes iban a tener cursos de capacitación, pero el plan quedó trunco. Y se soñó con que los 12 millones de alumnos pudieran navegar por Internet, aunque aún hoy la gran mayoría apenas tiene lápiz y papel.

La idea de reconvertir el portal parece avanzada: hay un fondo de 550.000 pesos reservado para afrontar las eventuales indemnizaciones del personal por la posible liquidación de la empresa, revelaron fuentes oficiales. Es la única plata que queda de la millonaria donación de Varsavsky. El resto se lo tragó la burocracia.

Mientras tanto, el gobierno tendrá que lidiar con el propietario de la casona de la calle Azcuénaga, donde funciona la empresa ahora en crisis. El hombre le hizo juicio al Estado por 90.000 pesos de alquileres impagos.

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