30 de mayo 2001 - 00:00

El gobierno sigue sin entender el problema

El gobierno de Fernando de la Rúa sigue demostrando fuerte inconsistencia frente a la crisis de Aerolíneas Argentinas. En pocas semanas pasó de la prescindencia por tratarse de una empresa privada que debía sola resolver sus problemas, a insinuar que la mejor salida era la quiebra, haciéndose cargo de los pasivos el gobierno español, y volviendo a licitar las rutas y otros activos.

Estas dos posiciones fueron sostenidas públicamente por el ministro de Infraestructura, Carlos Bastos, bajo cuya órbita se encuentra Aerolíneas Argentinas. Después de eso, fue el ministro Cavallo el que dijo públicamente que el gobierno estaba dispuesto a apoyar la iniciativa de capitales nacionales que quisieran hacerse cargo de Aerolíneas. Esa postura, al igual que la de Bastos, se diluyó con el paso de los días en primer lugar, porque el único interesado, el empresario Eduardo Eurnekian, dio un paso al costado cuando le mostraron los números de la empresa local.

Y también, según se cree, por el respaldo obtenido por el gobierno de España y los bancos de ese país para el megacanje de la deuda. El diputado Alberto Natale reveló en las últimas horas, que la quiebra de Aerolíneas podría llegar a ser «salvaje», porque los acreedores, desde los trabajadores hasta los más pequeños proveedores, intentarán demostrar ante la Justicia que hubo una actitud lesiva o culpa del accionista mayoritario, con lo cual el gobierno español puede quedar como responsable patrimonialmente y afrontar la deuda por 926 millones de pesos.Aun la que tiene con la española Repsol-YPF por más de 100 millones de pesos (algunos creen que ya se acerca a los 150 millones) y que preocupa seriamente a la petrolera.

• Multa

Después de esas posiciones, en un mismo día el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, amenazó con aplicarle una multa a Aerolíneas de 1 millón de pesos diarios por no pagar los sueldos, y seis horas más tarde, la ministra Patricia Bullrich anunció que el Estado argentino adelantaría lo que debe por capitalización de Aerolíneas para pagar los haberes atrasados.

Ayer,sin embargo, un allegado a Bullrich llegó a afirmar, que el aporte de capital es «dudoso ante un panorama de quiebra», con lo que seguramente se acentuarán las protestas gremiales.

Ayer también, Bullrich compartió el mismo discurso del presidente de la SEPI, Pedro Ferreras, y responsabilizó del cierre de Aerolíneas al gremio de los técnicos y a su titular, Ricardo Cirielli.

En apariencia, Bullrich trasmitió su impresión al presidente De la Rúa que hizo declaraciones apostando a una solución del conflicto gremial. En la misma línea, a última hora de la tarde, Colombo citó a los dirigentes de la CGT de «los gordos»: Rodolfo Daer, Carlos West Ocampo, Armando Cavalieri, Oscar Lescano y Andrés Rodríguez, para pedirles que convencieran a Cirielli de dar marcha atrás en su posición.

Algunos de los que estuvieron presentes dijeron que el titular de los técnicos «se subió a una montaña y ahora no sabe cómo bajar» y que «en la asamblea prometió demasiado y ahora no puede dar marcha atrás». Con todo, los dirigentes se comprometieron ante Colombo a convencer a Cirielli de la necesidad de aceptar las condiciones de la SEPI.

• Compromiso

Colombo les dijo a los dirigentes sindicales que le trasmitan a Cirielli que si acepta, pondrán el aporte del Estado para pagar los sueldos, y que hay un compromiso informal de la SEPI de aportar 350 millones ahora y otro tanto, sin fecha precisa para mantener funcionando a Aerolíneas.

Estas tratativas confirman que el gobierno no acierta a entender el fondo de la crisis de Aerolíneas. Nadie puede creer que con un ahorro en costos salariales estimado en 25 millones y que podría ascender a 50 millones si el cambio de las condiciones laborales implica más expulsión del personal (aunque la empresa haya prometido estabilidad por dos años), se pueda solucionar la crisis de Aerolíneas.

Los que alguna vez analizaron el tema dentro del gobierno o entre los legisladores, saben que el mayor problema es el mal gerenciamiento de los españoles, ya sea como Iberia o como SEPI y aun contando el breve lapso en que operó American Airlines.

Ya en octubre de 1999, esa empresa norteamericana advirtió que si la SEPI no se hacía cargo de los pasivos acumulados desde la privatización, Aerolíneas era inviable y por eso se retiró de la compañía.

Hasta los pasajeros saben que Aerolíneas perdió clientes y mercados cuando obligó a que todos los vuelos a Europa pasaran previamente por Madrid, para abordar un avión de Iberia hasta el destino final, además del abandono de otras rutas que habían sido rentables como la de Los Angeles que no se explotó durante dos años, y sólo se volvió a poner en marcha cuando LAPA pidió la frecuencia.

La presión sobre Cirielli, y aun la eventual firma de éste, no solucionará además el problema sobre el que reclaman los españoles.
«Aerolíneas fue privatizada con cielos cerrados y ahora hay cielos cada vez más abiertos», dijeron los representantes de la SEPI en Madrid, aun cuando el acuerdo de cielos abiertos con los EE.UU. no está en vigencia, y en rigor, la exclusividad de la línea de bandera sobre las rutas internacionales venció en noviembre del año pasado.

La pregunta es: si Cirielli firma, qué pedirá la SEPI después y cómo hará para sanear a Aerolíneas y privatizarla como dice que quiere, cuando en diez años no pudo resolver el problema, y ahora el pasivo ya supera los 900 millones, la pérdida de 2000 es de más de 300 millones y aun las grandes compañías internacionales están en problemas por la suba del precio del petróleo y la imposibilidad de subir tarifas.

Si alguien en el gobierno empezara a pensar en todo esto y buscar con la SEPI o sin ella, una solución para todos los problemas del sector, que afectan no sólo a Aerolíneas, sino a las demás empresas de capital nacional e incluso a Aeropuertos Argentina 2000, que se privatizó con tasas muy altas, podría ser que se vea una alternativa. Pero por ahora todos apuestan a Cirielli.

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