El plan Redrado al Central arrancó hace seis meses
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Miguel Pesce
• Prat-Gay volvió de esa reunión al Banco Central sin advertir que se había roto algún vidrio. Celebró ante algún director, el duhaldista Jorge Levy, la continuidad al frente de la institución. Creía que estaba confirmado y que, además, ponía un director propio.
• En el edificio de enfrente -Casa de Gobierno- había comenzado otra película. Kirchner debatió con el entorno de los más íntimos que debía rever la confirmación de Prat-Gay y de Lacoste. Habilitó entonces el plan de contingencia. La reflexión del Presidente en la reunión que siguió antes de decidirse por Redrado fue: «Yo estaba para confirmarlo, con muestras de confianza tales como que rechacé la idea de Alberto Fernández de darle acuerdo por un año o tenerlo un año por decreto. El me vino a decir que necesitaba los 6 años.
Le dije que sí, y así firmé el pedido de acuerdo al Senado. Pero me vino a plantear lo de los directores. Los directores que yo (Kirchner es el que habla) quiero poner son para controlar el banco con un Prat-Gay de seis años. No puedo pretender menos. Pero si él me viene a pedir seis años y se lo doy y después me pide más directores de él, estoy obligado a pensar que está en algo raro, en controlar algo que debo controlar.
• Esta reflexión dicha ante poquísimos esa noche del jueves fundamentó la decisión de llamarlo a Redrado. Es decir, una reflexión política, no técnica, como la que Prat-Gay argumentó durante el fin de semana ante todos aquellos con quienes habló (la mayoría ex funcionarios de Duhalde, que se extrañaron de un despido sorpresa como éste). Dolido porque quería seguir aunque él mismo pavimentó su despido, decía que el gobierno quiere dominar el Central porque el año que viene lo va a necesitar porque con los pagos que tiene que hacer la Argentina, se le va a dar vuelta la ecuación del superávit. Para ese momento va a necesitar -dice- un Banco Central dócil. Además, se muerde los labios porque se da cuenta de que lo usaron para despachar la pelea Lavagna-De Vido. Kirchner lo echa y el que paga es Lavagna, que ahora no puede pedir nada porque esa víctima se la anotan al ministro.
• ¿Qué terminó de volcar al Presidente en esta decisión? No sólo la disidencia sobre la deuda. También le sirvió el caso para un pingüinazo: disciplinar a funcionarios que ensayan un vuelo que les hace olvidar quién manda. En los últimos días era visible la irritación de Kirchner por los titulares que afirmaban que Prat-Gay sería confirmado y que encima ponía condiciones sobre quiénes serían los nuevos directores. Eso no le gusta a ningún presidente cuando hace cambios y menos a éste, tan celoso en preservar su autoridad que cree siempre amenazada como si dudase de su control de la situación. Molestó mucho al Presidente un editorial de «La Nación» en defensa de esa continuidad.
• A esa irritación se sumaron reproches a espaldas del funcionario saliente sobre sus conversaciones inconvenientes con senadores para asegurarse un acuerdo que el Presidente quería tramitar él solo y según sus métodos. Un error que desmiente esta viñeta: hace tres semanas fue a almorzar Prat-Gay al Senado. Estuvo con Miguel Pichetto, Jorge Capitanich, Carlos Reutemann y, entre otros, Rubén Marín. Muy afables y correctos hasta que Pichetto hace un elogio de la gestión en el Central y agrega: «Creemos todos que no habrá ningún problema con los acuerdos para el nuevo mandato». Prat-Gay lo interrumpe y le dice: « Tengo la obligación de decirles que hasta ahora nadie me ha dicho nada de un nuevo mandato». Se quedaron todos sorprendidos.
• Cuando recibió la demorada llamada de Redrado desde el avión de Iberia que lo traía a Buenos Aires, el Presidente le ofreció sin muchas explicaciones reemplazarlo a Prat-Gay en el Central. Aceptó de inmediato, mientras armaba los argumentos que usaría después para justificar su decisión y con el mismo olfato puso una sola condición, a la que Kirchner no se opuso: que le acepte por lo menos una terna de nombres para asumir en la secretaría que deja en la Cancillería y que el elegido confirme a la segunda línea de funcionarios que lo acompaña. Kirchner no le dio muchas explicaciones sobre la salida de Prat-Gay; apenas sintetizó acerca de una disidencia sobre el tratamiento que hace el gobierno de la reestructuración de la deuda. Cuando Redrado bajó del avión, pasó fugazmente por su domicilio particular y recién duchado disparó a la Casa de Gobierno. Mantuvo una apurada reunión con el Presidente, que debía viajar a Santa Cruz, y salió con la seguridad de tener mano libre en la designación de parte del equipo que lo acompañará en el banco. Prat-Gay, le dijo el Presidente, tenía sin cubrir algunos cargos importantes y le dejaba esas decisiones al reemplazante. «Para un economista estar en el Central es algo que no se puede rechazar», decía anoche a sus amigos Redrado. «Además -agregaba-, ya es hora de hacer un balance de mi gestión en la Cancillería, y la situación del Central es buena porque la política monetaria está clarificada.»




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