10 de enero 2001 - 00:00

El próximo paso es reducir los impuestos al trabajo

"Muchas veces las reformas tributarias pretenden ser grandiosas y sin embargo dejan poco dinero. En cambio puede ocurrir que uno toque un pequeño subsidio, por ejemplo el de las naftas, y agarró una palomita, sumó 100 palitos; tocás otro subsidio, el del tabaco, y es otra palomita, otros 100 palitos. Y así, palomita tras palomita, se va mejorando la recaudación con cifras que terminan siendo importantes". Metafórico y naïf, Raúl Baglini explicó así parte de su doctrina tributaria ayer, a la hora de la siesta. A su lado escuchaba el jefe de Gabinete, destinatario de un absurdo homenaje en las parábolas de Baglini: se llama Chrystian Colombo. En latín, «palomo». Las influencias del profesor Grondona han llegado hasta a las maneras de cobrar impuestos. Colombo y Baglini se reunieron para dar otro impulso a la reforma impositiva que quiere emprender el gobierno. Un rato después llegó a la Jefatura de Gabinete, para participar de la misma ronda, Jorge Remes Lenicov. Es diputado peronista pero también llevó la representación de la provincia de Buenos Aires, de la que Carlos Ruckauf lo invistió por la mañana.
El diputado por Mendoza, quien preside la Comisión de Presupuesto y Hacienda, dejó sobre la mesa de Colombo una carpeta con su propuesta para elaborar la agenda tributaria. Después los dos dieron detalles de la metodología, el cronograma y los objetivos que se seguirán durante ese proceso. Estaban entusiasmados por la tasa que le cobraron al Estado en la licitación de Letras del Tesoro: 8,47%, tres puntos y medio menos que hace un mes. «Ahora hay que esperar que aumenten un poco los depósitos y, después, que se demande más crédito; entonces tendremos señales ciertas de reactivación» reflexionó el sonriente jefe de Gabinete. Si lo hubieran dejado seguía cantando esa canción. Pero la reunión con Baglini era por impuestos y sirvió para conocer algunas novedades.

La primera de ellas la proporcionó Colombo. Explicó que el próximo paso que ensayará el gobierno será el de una baja en los impuestos al trabajo. Para él es una derivación natural de la reforma previsional. Un aspecto inadvertido de esa medida, igual que ese otro que él se empeñó en destacar, como si hablara imaginariamente con Carlos Chacho Alvarez: «Los que rechazan el decreto no analizaron bien la cuestión. La eliminación del déficit previsional alivia a la Nación pero también a las provincias. Si no, también ellas terminarían pagando por ese costo en la coparticipación de impuestos, como ya viene sucediendo. Eso los gobernadores lo saben». IVA, combustibles y ganancias son impuestos coparticipables con asignaciones específicas para solventar el rojo de la seguridad social y ese es el mayor estímulo para que el decreto pase sin disgustos por el Congreso.
En lo referente a los impuestos al trabajo, Colombo supone que estará en condiciones de realizar una operación similar a la que llevó adelante
Domingo Cavallo en 1994 pero con mejores efectos: «El se equivocó al recortar los aportes patronales porque terminó desfinanciando el sistema. Pero ahora al despejarse el desequilibrio podrá pensarse en disminuir impuestos al trabajo que son parte de los que recauda el Estado y estamos empeñados en recortar».

Baglini puso especial interés en observar la tendencia según la cual, desde los primeros pactos tributarios hasta el último acuerdo con los gobernadores, se ha encaminado el sistema argentino en una senda de mayor racionalidad. Eso sí, el jefe de Gabinete mencionó una excepción: «Salvo el desatino de 1998» dijo, para recordar que la vereda de enfrente para este gobierno está en el CEMA y sus académicos, Carlos Rodríguez y Roque Fernández.
Baglini y Colombo expusieron los próximos empeños oficiales.
En 120 días el poder central deberá avanzar en la firma de convenios con las provincias para unificar las claves de identificación tributaria (CUIT) para los pagos de Rentas. También en el mismo plazo debería configurarse una imagen clara de cómo se eliminarán impuestos distorsivos como Ingresos Brutos y sellos.

Colombo dijo cuáles serán los tres criterios de esa reforma, que derivará finalmente en una ley de Coparticipación, el año próximo. Primero, dijo que «ninguna modificación será para este ejercicio» (un homenaje a José Luis Machinea, quien está inquieto porque una discusión sobre impuestos estimule la evasión a la espera del nuevo esquema). Segundo: la reforma debe tener un plazo prolongado, que podría ser de 10 años con un monitoreo a los 5 años, para darle previsibilidad a los inversores. Tercero: «No debe haber blanqueos ni moratorias» dijo Colombo y aclaró que «Roberto Alemann estaba a favor de un blanqueo para repatriación de capitales pero últimamente he hablado con él y su opinión no es tan contundente». Cuarto: «Las excepciones deben ser sustituidas por subsidios para que quede claro cuál es el gasto tributario».

Llegado a este punto, Colombo tomó entre manos un informe -cuidó celosamente que nadie espiara su contenido- en el que está explicado el sistema de administración tributaria de España, el modelo adoptado ahora por el gobierno como informó este diario ayer. «Los españoles establecieron sus reglas en 1964 con revisiones y reformas cada 5 años. Eso es lo que hace previsible un régimen tributario y permite además que quienes lo administran puedan ser evaluados en su eficiencia para recaudar». De allí pasó a confirmar que el gobierno contratará a Manuel Solchaga, quien diseñó el sistema que rigió durante la larga etapa de gobierno de Felipe González. ¿Cuánto recaudará Solchaga para enseñar a recaudar? Nadie lo sabe hasta ahora. Pero las pretensiones salariales del español terminarán beneficiando a las fundaciones a las que consultará el gobierno para elaborar su proyecto de reforma: Colombo ya advirtió que les pedirá presupuestos para que coticen sus trabajos.

El peronista Remes Lenicov le propuso al jefe de Gabinete ayer que le quite volumen a la opinión de tales fundaciones y privilegie los pactos políticos: «La mayor parte de las decisiones que hay que tomar, como eliminación de impuestos provinciales, descentralización de la administración tributaria, composición de los gravámenes, son políticas. Christian -aconsejó el ex ministro bonaerense- preocupáte más por los gobernadores y el Congreso que por las fundaciones, que pueden ser citadas en el Parlamento para que den su opinión».

La observación de Remes insinúa la complejidad de la operación que lleva adelante el jefe de Gabinete: deberá conseguir un acuerdo con todos los gobernadores para establecer líneas claras en un sistema tributario federal que se ha convertido en un palimsesto derivado de mil acuerdos superpuestos entre la Nación y las demás jurisdicciones. Ese pacto comenzará a discutirse en febrero, durante una nueva reunión con gobernadores. La coparticipación se tratará recién el año que viene pero el gobierno descubrirá que tal debate deberá necesariamente anticiparse, aunque sea extraoficialmente: los gobernadores que pierdan algo en la mesa de la reforma tributaria querrán recuperarlo en la de la coparticipación.

Por si le faltaran opiniones sobre el procedimiento que debe seguirse para la reforma, Colombo recibirá hoy a Oscar Lamberto, un peronista decisivo en la Comisión de Presupuesto y Hacienda. También él reclamará más poder para el Congreso en el debate de la reforma. Acosado por tanta demanda gremial, Colombo pidió una aclaración que Baglini brindó entre carcajadas: «Espero que expliques que lo que te mandó al hospital no fue la sospecha de que te queríamos recortar autoridad».

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