Mañana llegará al país John Dodsworth, el N° 2 del Hemisferio Occidental del FMI. Serán tres semanas de intensas negociaciones en las que se definirá el superávit primario del país para 2004. Allí se comprobará el respaldo que realmente obtuvo el presidente Kirchner de los países del Grupo de los Siete con los que se reunió en las últimas dos semanas. Por caso, abre interrogantes la actitud de Francia, cuyo presidente, Chirac, dio respaldo, pero cuyo ministro de Economía exigió suba de tarifas.
Con un día de retraso respecto al cronograma originalmente estipulado, mañana arribará al país el representante permanente del FMI en la Argentina, John Dodsworth, en lo que implicará el inicio formal de las negociaciones para llegar a un acuerdo de largo plazo. Además, se espera que hoy el directorio del organismo apruebe la tercera revisión del miniacuerdo firmado en enero.
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Dodsworth encabezará el arribo de otros 12 técnicos de primera línea del organismo que permanecerán en el país durante tres semanas, hasta el 20 de agosto. La intención es concentrarse en cada una de las áreas clave que serán parte del nuevo acuerdo: impuestos, bancos, cuentas públicas, reformas legales, y coparticipación federal entre las más importantes.
El cronograma que habían organizado Dodsworth y el ministro de Economía, Roberto Lavagna, durante la última visita del primero a Buenos Aires es muy ajustado: redacción de un borrador de carta de intención en estas tres semanas, después del 20 se lo remitirá a Washington para que el directorio lo examine con detenimiento y si no hay contratiempos el 2 de setiembre podría ser aprobado el nuevo programa con el organismo.
Tanto el FMI como la Argentina mantienen la idea de un acuerdo a tres años de duración. «Desde el punto de vista político hay una enorme voluntad para avanzar. La duda pasa por las discusiones técnicas, que en algunas áreas pueden tornarse muy duras», explicaron altas fuentes del Palacio de Hacienda.
Probablemente, el tema de mayor discusión pase por el superávit fiscal que comprometerá el gobierno para el período 2004-2007, es decir, durante toda la gestión de Néstor Kirchner. En el FMI sostienen que el país debería esforzarse para llegar a 4,5% del PBI de superávit, más cerca de los niveles de Brasil. Pero Lavagna quiere defender 2,5% que la Argentina comprometió para 2003 y que se está cumpliendo (sumando Nación y provincias). A lo sumo, la idea es no estirarse a más de 3%.
Además, Lavagna aseguró al FMI que en caso de exigirse al país un superávit de 4,5%, la única forma de conseguirlo sería «estatizando a las AFJP» para de esta forma quedarse con los aportes de los clientes.
• Buena voluntad
La aprobación de las metas de la tercera revisión del acuerdo por parte de la Argentina también implicará una señal de buena voluntad del directorio del Fondo. No obstante, el gobierno tuvo que pedir un «waiver» (perdón) por la aprobación de la ley que protege a los «bienes culturales», que implica una flagrante violación de la Ley de Quiebras vigente. Desde el punto de vista cuantitativo se cumplió con lo acordado con el Fondo, tanto en materia fiscal como monetaria. Sin embargo, la situación cambia a la hora de repasar las reformas estructurales. Un trabajo elaborado por el Fondo y que se conoció el viernes en la página Web del organismo, revela que -según el directorio de la institución- el avance en estas áreas por parte del gobierno argentino fue «decepcionante».
Según el Fondo, la enorme masa de deuda pública y privada, la ausencia de una legislación que normalice la relación entre deudores y acreedores, un sistema financiero subcapitalizado y un desfavorable clima de inversiones representan «los mayores obstáculos para transformar la incipiente reactivación en crecimiento sostenido».
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