6 de octubre 2003 - 00:00

Empresarios: cambió el humor pero siguen temiendo a Brasil

Las acechanzas de la invasión brasileña y la indudable recomposición de las relaciones con el gobierno acaparan de manera casi unánime los comentarios y las charlas de los empresarios que fueron a Jujuy el jueves pasado, para la segunda reunió que organizó la Unión Industrial Argentina (UIA) en el interior desde que la capitanea Alberto Alvarez Gaiani.

Fue justamente el titular de la central fabril quien alertó de los peligros que se ciernen sobre la economía en caso de no ponerse algún coto al ingreso irrestricto de bienes provenientes del vecino y socio. «La Argentina apoya al Mercosur, pero creemos que necesita correcciones. Le pedimos al presidente Néstor Kirchner que cuando se reúna el 16 y 17 de este mes con su par Lula Da Silva se ponga firme: nosotros queremos un Mercosur fuerte, y si no se solucionan las controversias, se debilitará.»

Pero a pesar de estas inquietudes, era fácilmente advertible que el ambiente cambió para casi todos. Así, descontraído en el mirador del hotel Altos de la Viña, un empresario del principal frigorífico avícola reconocía que «estamos casi a los niveles de producción de 2001, después de un 2002 espantoso». Y recordó que el año pasado los pollos «llegaron a comerse entre sí porque los productores no les daban alimento, y hubo que sacrificar millones de aves».

Un hombre de la industria automotriz pronosticaba que se venderán 200.000 vehículos en 2004, lo que representaría casi 50% más que lo proyectado para 2003. Igual, admitía que «estamos muy lejos de los 500.000 que son el máximo histórico, pero por lo menos vamos para arriba», decía.

• Conciencia

También un empresario de gaseosas del sur argentino -que recientemente le vendió su franquicia de una gaseosa internacional a los nuevos licenciatarios a nivel nacional- decía: «Lo mejor que hice fue vender sólo la licencia, pero no la fábrica: lancé varias marcas propias y estoy embotellando el doble que cuando trabajaba para la marca estadounidense».

Un tercer directivo de empresa, alto dirigente de la UIA, afirmaba el repunte pero pedía «por lo menos tres o cuatro años de tipo de cambio alto; es la única forma de que se cree una conciencia exportadora». E incluso el único hombre representantivo de las empresas de servicios y privatizadas -supuestamente los «malos» para el gobierno- Amadeo Vázquez (Telecom) se mostró contemporizador y dispuesto a postergar el tratamiento de aumentos tarifarios: «Antes de eso hay que lograr que la economía vuelva a ponerse de pie, e imitar el modelo de Chile y Brasil, donde las empresas de servicios forman parte de las cadenas de valor de la industria».

Seguramente el término «cadenas de valor» utilizado por este ex banquero no es casual:
es casi el caballito de batalla del grupo de empresarios que se nuclearon alrededor de la Organización Techint para disputarle (sin éxito) la conducción de la UIA a Alvarez Gaiani. Pero a pesar de haber sido derrotados en los comicios, está claro que el holding que preside Paolo Rocca ha jugado un rol crucial en el acercamiento del gobierno a la central industrial. Por eso, figuras como Amadeo Vázquez asumen como propia la consigna.

Y sin embargo no dejó de sorprender a muchos de los presentes que
Julio De Vido utilizara la figura de «rendición de cuentas» para explicar su larga enumeración de planes, objetivos y proyectos. «En Puerto Madryn hice promesas, y ahora vengo a rendir cuentas», le dijo a una audiencia de empresarios casi atónitos no sólo por la «confesión» sino por la evidente euforia del ministro de Planificación en su discurso y después.

En medio de este panorama teñido de cauto optimismo, las sombras que lo empañarían son las dudas que hay sobre la sostenibilidad de este tímido resurgimiento de la economía de cara a las innegables dificultades que surgirán de la renegociación de la deuda pública, a las amenazas que plantea la crisis brasileña y a la situación de emergencia social en la que se ven sumergidos millones de argentinos. Este tema, además, es casi central en la provincia en la que sesionaron los industriales, casi la
«capital nacional de piquete», como la definió un empresario local (se dice incluso que Kirchner no habría ido a Jujuy porque el gobernador Eduardo Fellner no pudo garantizarle que los piqueteros no intentarían «copar» el hotel donde se sesionó).

• Indemnizaciones

Tampoco la política laboral del gobierno despertó entusiasmos (más bien lo contrario) entre quienes escucharon al ministro Carlos Tomada eludir pronunciarse sobre la continuidad de la doble indemnización, pese a que el asesor de la UIA, Daniel Funes de Rioja -en su muy sólida presentación-, le pidió taxativamente una respuesta sobre el tema. Después, ante una consulta de este diario, el ministro admitió que es muy probable que el régimen se mantenga en 2004.

Tomada
eligió ignorar -casi con un exabrupto: «Me admira la persistencia y la imaginación de Funes de Rioja»- el proyecto de la UIA sobre indemnizaciones, que ya tiene más de un año de vida: mantener el puesto de trabajo de los empleados innecesarios durante un año, pagándoles 50% del salario, y al cabo de ese plazo reincorporarlos o abonar la indemnización simple correspondiente. No sucederá: el ministro no rozó ni tangencialmente ese proyecto en su propio discurso.

Finalmente, la «cuestión brasileña» sigue quitándoles el sueño a los textiles, que el jueves en un megaevento -aspiran, ellos también, a que Kirchner los acompañe en cuerpo y espíritulanzarán de manera formal la
Fundación Pro-Tejer, que ya desde su nombre explica sus objetivos. Uno de sus inspiradores, Jorge Sorabilla (TN & Platex), explicaba: «Ellos, con exportar 10% de su producción, nos destruyen. Algo hay que hacer antes de que sea demasiado tarde».

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