17 de marzo 2005 - 00:00

En Alemania ya temen una "argentinización"

Berlín - Cuando Horst Köhler estaba al frente del FMI, a fuerza de aparecer en la prensa, su nombre era más reconocido por un ciudadano argentino que por un alemán. Desde mayo de 2004, Köhler ocupa la presidencia alemana, un cargo en principio meramente protocolar, pero el alto perfil que eligió hizo que su figura tuviera un salto exponencial, al punto de que cierta prensa habla del «Súper Horst que puede salvar a Alemania» de la parálisis y el desempleo que deprime a la población local.

Acostumbrado a evaluar a países subdesarrollados, a Köhler le toca ahora dar la receta de sanación para un país que bate mes a mes récords de desempleo desde la Segunda Guerra Mundial. El dato de febrero llegó a 12,6%, 5,2 millones de personas, combinado con un crecimiento económico lánguido de 0,2% en el tercer trimestre de 2004 y un déficit fiscal anual persistente de 3,7% del PBI.

En el este del país, la desocupación supera 20%. Este escenario, que derivó en un pesimismo generalizado, hace que algunos catastrofistas hablen de la «argentinización de Alemania».

Todo el país habla de la Cumbre por el Empleo, que se realizará hoy entre las cuatro personalidades políticas más importantes. Se reunirán el canciller Gerhard Schröder (SPD, socialdemócrata); el ministro de Exteriores, Joschka Fischer (ecologista); la presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU, centroderecha), Angela Merkel; y el titular de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU, filial de la CDU) y ex candidato a jefe de Gobierno, Edmund Stoiber.

• Discurso

El protagonismo de Köhler, un hombre de la CDU, hizo que la prensa afín reclamara su presencia en la cumbre, lo que finalmente fue descartado porque para cualquiera de los participantes hubiera significado un paso hacia la licuación de su poder.

El ex director gerente del FMI hizo el martes un discurso casi de campaña ante la Asociación de Patrones Alemanes (BDA), una de las tres cámaras que reúnen al poder económico local: «Oficialmente en Alemania hay 5,2 millones de desempleados. No pueden esperar de mí hoy un discurso festivo», empezó. «Nuestro sistema fiscal espanta, es el menos competitivo del mundo», continuó. Köhler agregó: «No nos podemos permitir pausas tácticas en las reformas debido a elecciones; las acciones a corto plazo no ayudan, tenemos que adoptar medidas a largo plazo contra el desempleo». Al finalizar, el « bundespräsident» recibió
una ovación de cinco minutos.

El diario sensacionalista de derecha «Bild» (el más vendido de Europa, con más de 4,5 millones de ejemplares) vistió en tapa a Köhler de Superman. «Súper Horst. Así salvará a nuestra tierra. El presidente mostró a políticos y a empresarios el camino para salir de la crisis.» Por su parte, el centroizquierdista «Berliner Zeitung», el de mayor tirada en el este de Berlín, se quejó: «Köhler provoca a la izquierda».

La crisis genera un escepticismo que se está llevando por delante la credibilidad en los políticos. Según una encuesta de la televisión oficial, la Cumbre por el Empleo no genera ninguna esperanza en 82% de los alemanes.

Hildegard Stausberg, docente de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Colonia y columnista del diario de derecha «Die Welt», del mismo grupo de «Bild», apunta ante Ambito Financiero los motivos de la parálisis: «Yo escribí que Alemania corre el riesgo de una argentinización. El Estado abarca toda iniciativa y pone trabas a cualquier desarrollo, y los políticos no hacen lo que deben hacer, que es reducir el déficit». Agrega este docente que «es como si algunos alemanes trabajáramos todos los años hasta mediados de julio para el Estado, tenemos 56% de carga impositiva sobre nuestro sueldo, un nivel inaceptable».

«Tampoco creo que en Alemania hay confianza en el liderazgo político, lo que es otro motivo de comparación con lo que pasó en la Argentina», enfatiza Stausberg. «No somos un ejemplo para nada», concluye.

Por lo visto, si Köhler asumiera un hipotético gobierno, y aunque suene como la mayor de las exageraciones, el fantasma de la Argentina lo seguirá persiguiendo, pese a que el actual presidente alemán creyó librarse de nuestro país cuando renunció al FMI hace un año.

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