Mientras gran parte de la ciudad de Nueva York parece sitiada por lo que «The New York Times» definió en un editorial como "la mayor reunión de hipócritas de la historia" (el aniversario de la ONU convocó a los principales mandatarios del mundo, entretenidos en autoalabanzas por lo mucho que se preocupan por los más necesitados y el mucho bien que les han hecho), el mercado bursátil pareció recibir por segundo día consecutivo un baño de realismo. Poco importa que esto viniera bajo la forma de un aumento en el precio del petróleo (trepó 3% a u$s 65,09 por barril, pero continúa más de 6% debajo del último precio previo al desastre climático), el amesetamiento de la producción industrial (pero sigue subiendo), la caída en las ventas minoristas (que no fue tan importante si desagregamos el ramo automotor) o los malos números de Walt Disney, ya que en el fondo ninguno de estos argumentos es demasiado convincente. Lo que importa es que la jornada de ayer pareció ser algo más que una simple toma de ganancias, ya que al 0,5% que perdieron las blue chips (quedaron en 10.544,9 puntos, 8 unidades encima del mínimo intradiario) debemos agregar una nueva merma en los bonos del Tesoro (la tasa a 10 años trepó a 4,162%), la baja del dólar a 110,34 yenes y u$s 1,2282 por euro y la suba del oro al máximo desde el 7 de diciembre pasado (u$s 449,8 por onza). Claro que también tuvimos noticias positivas como el sorprendente salto en las ganancias de Lehman Brothers, pero es claro que enfrentados al monumento a la hipocresía que se reunía en la Primera Avenida, quienes hacen de Wall Street su casa optaron por quedarse con la dura realidad.
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