Era innecesaria la estafa al ahorrista
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• Innecesario
La devaluación no necesitaba de la pesificación. Se podría haber respetado el contrato con los ahorristas en dólares aun después de la devaluación. Se podría haber respetado el contrato con las privatizadas actuando sólo en aquellos casos en los cuales había desvíos grandes como agua, teléfonos y peajes. Se podría haber respetado también el contrato de los aportantes al sistema de capitalización con las AFJP, pero no, se tuvo que meter el gobierno bajando los aportes personales primero (parece que se dará marcha atrás) y ahora pesificando, sin necesidad alguna porque son contratos de largo plazo, los bonos garantizados de la Fase I del canje de deuda, haciendo trizas la rentabilidad del fondo de jubilaciones que es lo que la gente usará cuando se retire de la vida activa. Se podría haber respetado el verdadero concepto de convertibilidad (prohibición de emitir moneda para financiar déficit fiscal) a un tipo de cambio realista. Toda esta barbarie se podría haber evitado aún defaulteando y devaluando.
El default y la devaluación no son funcionales a la barbarie aniquiladora de todos los contratos construidos durante una década que está haciendo Duhalde. El default y la devaluación son consecuencias lamentables de una década de incoherencias técnicas dignas de un juicio por mala praxis económica, pero la pesificación busca cosas totalmente distintas y es totalmente execrable.
El costado financiero (el otro son las tarifas de servicios públicos privatizados) de la pesificación busca la licuación de los pasivos empresarios, para lo cual «hay que» licuar los depósitos de la gente (pierden los ahorristas en dólares). Como la conversión es a tipos de cambio diferentes hay un costo patrimonial del que se hace cargo el «tax payer» (el otro gran perdedor junto con los ahorristas) con un bono del orden de los u$s 17.000 millones que emite el Estado. Los depósitos en dólares menores a u$s 30.000 tienen la opción de un certificado de depósito transferible (CDT) del banco en pesos a 1,4 peso por dólar con ajuste del capital por tasa de inflación o el bono en dólares que el gobierno les colocó previamente a los bancos. Para los mayores a u$s 30.000 no tienen opción más que el CDT.
¿Cómo le explica Duhalde a su «Doña Rosa» que se la estafa con su depósito en dólares para licuarle la deuda a Macri que vive en una «montaña» de «verdes»? ¿Qué pasará con el humor de miles de tenedores de CDT de bancos públicos insolventes cuando vayan a depositarlo en un banco sano o a comprar bienes y a cambio les den «chauchas»? ¿Cómo reaccionará la gente que tendrá que hacer colas de días enteros para comprar dólares por montos pequeños para no verse obligada a jurar que no está vinculada con el Cartel de Medellín? Estos son algunos de los muchos interrogantes que se plantean en el corto plazo. La única manera de evitar la estafa (que incluso podría haber sido peor) era un cambio de paradigma respecto de lo que viene haciendo la Argentina en los últimos 60 años, para recibir un muy fuerte apoyo internacional en dólares y así estabilizar el tipo de cambio y comenzar a aflojar el «corralito».
La «micro» de la devolución de depósitos respetando al máximo los derechos de propiedad del ahorrista, dentro de un nuevo paradigma de política económica, era a través de un seguro de cambio de largo plazo (en cabeza del Estado) para los deudores en dólares que fuera administrado por los bancos para asegurarse la probabilidad de que el deudor devolviera el crédito y así el depositante pudiera cobrar su depósito. Otra era comprometiendo al Estado a pagar la diferencia entre la evolución de precios internos y el dólar para aquellos depósitos que se conviertan en certificados de depósitos transferibles, emitidos por el banco depositario a mediano plazo (por ej.: 5 años). Los bancos se hubieran quedado así con un fondeo asegurado que seguiría la evolución de los precios internos, lo que les daría capacidad de renegociar la cláusula de ajuste de aquellos deudores con ingresos en pesos y deuda en dólares. La conversión de deudas a pesos indexados sería automática y obligatoria para los préstamos hipotecarios, prendarios y personales hasta cierto monto, pero la conversión (o no) quedaría sujeta a la negociación entre las partes para el resto de las deudas bancarias. Los (congelados) depositantes hubieran contado con un instrumento en dólares y transferible, capaz de ser utilizado para compras de activos, cancelación de deudas o ser vendido por liquidez inmediata en el mercado secundario, si es que no se los desea mantener como una fuente de renta continua.
Además, resulta increíble que a pesar de la estafa al ahorrista haya mentes enfermas a las que se les ocurrió empezar a meter en la mente de los argentinos que el que quedó adentro del «corralito» es un patriota y el que protegió su dinero fruto del trabajo y el ahorro es un traidor a la patria. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI se prohíba la venta de dólares a los bancos y que una vez que la gente vaya a las casas de cambio a comprarlos tenga que demostrar que no es un lavador del dinero del narcotráfico? No entiendo cómo no se les cae la cara de vergüenza a los que decidieron esto.
A los «pesificadores» les pregunto ¿qué país podemos construir ahora sin crédito externo por el default, sin inversión extranjera directa por el control de cambios y con los depósitos de los argentinos en el exterior con esta estafa? Si alguien dice que sí es posible o merece el Premio Nobel por inventar el círculo cuadrado o la cárcel por asesino. No puede ser que los que tienen poder de lobby siempre ganen a costa de los que no lo tienen como los pagadores de impuestos que sufrieron 6 impuestazos en la última década y los depositantes que fueron violados 3 veces en los últimos 20 años. Esta política económica de espaldas a la gente está destruyendo a nuestro querido país y no tienen derecho a hacerlo.
Directamente, todo esto es para una película de los hermanos Ethan y Joel Coen.




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