17 de diciembre 2000 - 00:00

Error de cálculos sobre la telefonía 3G

Londres - De Suiza llegó una noticia la semana pasada que seguramente infundirá temor a los principales banqueros del mundo.

La noticia fue ésta: el gobierno suizo vendió cuatro licencias de telefonía móvil de tercera generación (o 3G) por 205 millones de francos suizos ($ 120 millones). ¿Y qué? Suiza es un lugar pequeño y de todas maneras nadie sabe muy bien qué es un teléfono móvil de tercera generación.

Pero es importante porque una gran parte del sistema bancario mundial empeñó su dinero con las empresas de telecomunicaciones, y éstas apostaron hasta lo que no tenían a que la 3G será el acontecimiento más trascendental desde el invento del automóvil. Lo que la subasta en Suiza nos revela es que la mayor parte de los cálculos y presunciones de las operadoras telefónicas y sus banqueros es desastrosamente errónea.

Retrocedamos con nuestra mente unos pocos meses, hasta la primavera (boreal) de este año. En el medio de la manía por cualquier cosa vinculada con Internet y con las telecomunicaciones móviles, algunos gobiernos europeos sacaron a remate un espectro de espacio para licencias de telefonía móvil de la próxima generación. Esa tecnología 3G permite que un celular pueda realizar una conexión de alta velocidad con Internet. En la euforia del momento, una licencia de 3G se veía como un El Dorado de la era moderna, una fuente de riqueza inacabable. Todos tenían que tener uno.

Gran Bretaña dio el puntapié inicial al proceso, recaudando $ 32.500 millones por sus licencias de 3G. En Alemania las licencias fueron aun más costosas, llegando a la impresionante suma de $ 44.900 millones, mientras que en Italia el gobierno obtuvo $ 12.300 millones. En esos tres países solamente, las operadoras de telecomunicaciones pagaron poco menos de $ 90.000 millones solamente por el derecho de participar en el negocio. Ahora, apenas unos pocos meses después, miremos a Suiza. Es un país estable y próspero ubicado en el centro de Europa. Proporcionalmente a su población, una licencia suiza debería valer aproximadamente lo mismo que una alemana, o una británica. Suiza tiene 6,5 millones de habitantes, lo que significa que las operadoras de telecomunicaciones pagaron $ 18 por persona por sus licencias. Alemania tiene 80 millones de habitantes, o sea que las operadoras pagaron $ 500 por persona. Gran Bretaña tiene 55 millones de ciudadanos, de manera que el costo fue de $ 590 por cada habitante.

Precios excesivos

¿Cómo puede ser que el derecho de venderle un teléfono celular a un británico o a un alemán cueste más de $ 500, y a un suizo apenas $ 18? ¿Son los alemanes o los británicos 30 veces más charlatanes que los suizos? No. La verdad es que las operadoras telefónicas pagaron precios monstruosamente excesivos por las licencias de 3G, cosa que quedó demostrada en Suiza (y también en Polonia, donde la subasta tuvo que ser cancelada por falta de interesados).

En los anales de la historia comercial,
las subastas de licencias de 3G seguramente quedarán registradas como uno de los mayores disparates de todas las épocas, un momento de demencia colectiva, cuando ejecutivos normalmente cuerdos e inteligentes perdieron contacto con la órbita terrestre y aterrizaron en algún otro planeta en el que todo el mundo mantenía su celular encendido todo el día, bajando filmes y discos, comprando acciones y casas y leyendo novelas de Henry James en los mensajes de textos, sin importarles pagar muchos miles de dólares semanales por tal privilegio.

Eso fue una locura. Los celulares son buenos para hablar con la gente, y no para mucho más. Algunas personas accederán a Internet con sus teléfonos móviles. Pero como ya descubrió el mundo entero en los últimos meses,
nada en Internet produce dinero. Vender libros por la Web no es repentinamente más fácil o más rentable por el simple hecho de hacerlo mediante un celular en vez de una línea fija. Ni la gente pagará por contenido sólo porque aparece en una diminuta pantalla que llevan en su portafolio. En realidad, hasta $ 18 por persona suena caro por una licencia 3G.

Desgraciadamente, la locura comercial no es gratuita. Tiene consecuencias, y para las operadoras de telecomunicaciones y sus banqueros lo más seguro es que sean graves.

Los banqueros perecen sospechar algo. Se despertaron, olieron un aroma a café y se dieron cuenta de que está quemado. Empiezan a sentir mariposas en la boca del estómago, y con razón. Las operadoras de telecomunicaciones no solamente están pagando miles de millones de dólares por las licencias. También tienen que desembolsar miles de millones más para construir las redes.

En Gran Bretaña, por ejemplo, el costo de una red de 3G se calcula en alrededor de $ 4.000 millones para las operadoras existentes, y en $ 6.000 millones para las recién llegadas. En total, una red de 3G, incluyendo la licencia y el costo de tendido, costará unos $ 10.000 millones en el Reino Unido. Globalmente, la investigadora
Quotient Communications calcula que las 3G les costarán a las operadoras 340.000 millones de euros ($ 298.000 millones).

Entre los 10 préstamos más grandes del mundo, seis fueron para empresas de telecomunicaciones,
empezando por el crédito de $ 30.000 millones que Vodafone Airtouch Plc pidió en marzo para completar su adquisición de Mannesmann. Ocho de los 10 mayores créditos europeos fueron para firmas telefónicas. Los costos de las licencias, de construir las redes nuevas y de crear servicios para ellas los pagan los banqueros de las telefónicas y los inversores en bonos. Y nada de eso es barato.

Crédito en problemas

La semana pasada las acciones de Mobilcom AG bajaron 30 por ciento ante informaciones de que la empresa, la cuarta operadora de telefonía móvil de Europa, estaba teniendo problemas para convencer a los bancos de que le den los $ 4.500 millones de crédito que necesita para su licencia alemana.

En Gran Bretaña, la Autoridad de Servicios Financieros dijo que estaba vigilando muy de cerca los préstamos de los bancos a las firmas de telecomunicaciones. Le preocupa con toda razón que los bancos hayan financiado alegremente la locura de las 3G y que el ingreso para saldar esos créditos nunca se materialice. Cuando el Banco de Inglaterra publique su Estudio de Estabilidad Financiera, se referirá a esas preocupaciones.

Los desastres bancarios, como saben los franceses, cuestan mucho dinero. La semana pasada, los auditores estatales franceses dieron a conocer un informe sobre la casi bancarrota del
Crédit Lyonnais SA a comienzos de los años '90, donde dicen que rescatar al banco de sus problemas le costó al gobierno $ 15.400 millones. Sin embargo, la compra de los estudios de filmación MGM (una de las aventuras más alocadas del Crédit Lyonnais) parece buen negocio comparado con la financiación de los teléfonos 3G. Al menos la gente va al cine y paga sus entradas, mientras que aún no existe ninguna evidencia de que nadie vaya a pagar nada por una 3G.

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