16 de julio 2001 - 00:00

Esperanzas por primeras propuestas serias

Se empieza a entender que la crisis es grave pero no terminal. Sin reducción del déficit fiscal del Estado no habrá futuro. Pero la crisis financiera está inventada especulativamente. Tres problemas: los políticos tirabombas, cierto periodismo inconsciente y gobierno con nuevo respaldo que igual dude.

Lo más importante de estos días -no apreciado bien ayer por los medios ni por los voceros del gobierno-fue el plan que elaboró la Alianza para cambiar aspectos del ajuste.

Mucho más importante que el poco lúcido discurso de ayer del presidente De la Rúa que, sin entender, sigue oscilando entre la amenaza y la abnegación de su figura, algo que ya no convoca.

También las nuevas medidas, rubricadas sólo por los gobernadores de provincias del oficialismo son pobres e irrelevantes políticamente para obligar a comprometer a las provincias fuertes gobernadas por justicialistas.

En cambio, es fundamental el plan propuesto por la Alianza por: 1) es complicado para el país (le puede generar juicios en el exterior) pero es viable para una emergencia. 2) Si el gobierno asume el plan aliancista, por lo menos en 75% u 80% de sus propuestas tiene la fundamental gravitación de que aparecerá innegable ya el apoyo del Frepaso y del alfonsinismo. 3) Lo anterior lleva a otro beneficio mayor: el justicialismo -fundamentalmente los gobernadores- tendrá que acompañar porque desaparece el principal argumento que esgrime hoy, que el «aliancismo» no apoya al gobierno, que quiere pasar a la oposición y dejar «pegados» a los peronistas con el ajuste y un gobierno ciertamente impopular en vísperas de una elección.

Lo importante es que se reunieron para aprobar el plan aliancista dirigentes como Juan Pablo Cafiero, Aníbal Ibarra y Darío Alessandro con el visto bueno de Raúl Alfonsín.

Fue elaborado por figuras respetables: Eduardo Hecker, secretario de Desarrollo Económico de Aníbal Ibarra; Roberto Felletti, presidente del Banco Ciudad; Oscar Quatromo y Daniel Novak, ambos economistas independientes aunque el último está muy vinculado a Carlos Chacho Alvarez. En menor medida, colaboraron también Arnaldo Bocco y los radicales alfonsinistas José Luis Machinea, Juan Sourrouille y Mario Brodersohn.

Si el gobierno quería arrancar una semana más calma hubiera sido preferible que anunciara y hoy dominara los medios con la afirmación de que el gobierno estudia aceptar la propuesta aliancista que restituye apoyo político y obliga al justicialismo.

Se ignoraba anoche por qué uno de los hombres más lúcidos del gobierno, el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, se embarcó en más medidas, la mayoría complicada hasta de entender, cuando tenía a su alcance esta propuesta de la Alianza.

Domingo Cavallo confesó al monopolio «Clarín» que se asustó en Europa cuando los que creyó amigos le negaron más créditos.

En el avión de regreso, sin dormir, elaboró el duro ajuste que De la Rúa aprobó pero que tiene carencias en relación a lo que ahora propone la Alianza, con mucha lógica en algunos casos.

También ignoró ayer el gobierno el plan de las empresas, de ayuda de 1.000 millones de dólares a jefes de familia sin trabajo.


Será aportado y también dirigido por el sector privado y desde los bancos, lo que evita trampas y recomendaciones políticas.

Cavallo en lugar de desafiar a los mercados debió explicarles a ellos y al público argentino que la «crisis financiera» por lo menos no tiene razón de ser tan grave.

Lo dijo el viernes Ambito Financiero y ayer la Fundación Capital.

Hay dólares de sobra para cubrir toda compra de divisas.

La caída de depósitos no puede afectar a los bancos como antes porque ahora el sistema es más sólido: tienen $ 12.000 millones de inmediata disposición (son los encajes o requisitos de liquidez), además el Banco Central tiene un seguro anticorrida por $ 5.500 millones, y a ello se suma que hay $ 7.000 millones de «sobre-convertibilidad», que pueden ser destinados a financiar entidades. Son $ 24.500 millones en total disponibles ya.

Al caer el endiosamiento de Domingo Cavallo, aunque siga siendo imprescindible su presencia, podrían adoptarse otras medidas, por caso restituir a Pedro Pou en el Banco Central.

También incorporar a Manuel Solanet para racionalizar el Estado porque lo más grave de ubicar en su verdadera dimensión y gravedad es que se suponga que no es necesario achicar el gasto público en 10.000 millones.

Esto es imprescindible pero en forma más pausada y no salvaje como se quiere hacer a partir del susto de Cavallo.

La Argentina no puede caer en default porque sus principales vencimientos fueron pasados al 2005.

A partir de 900 puntos, el riesgo-país» no es relevante (como llegó el viernes a 1.616), simplemente porque ya nadie del exterior le presta a la Argentina.

O sea pasa a ser un índice teórico que usan especuladores para comprar más baratos los ya de por sí superbaratos títulos argentinos.

¿Por qué -más allá de la ignorancia de cierto sector del periodismo, sobre todo el televisivo, de la misma ignorancia de la mayoría de los políticos y de una izquierda alocada que con tal de crecer alarma en la crisis- no se le dice la verdad a la gente?

Hay que ajustar el Estado -todo el Estado- porque en 2005 cualquier gobierno que surja en el 2003 va a ir al default por la deuda postergada y refinanciada al elevado nivel de 15% anual.

Pero el índice de riesgo-país a una tasa a la que no nos prestan no significa nada.

El problema son vencimientos por letras desde aquí a fin de año por 3.500 millones.

Es un problema pero no difícil de cubrir con los ahorros que lanzó Cavallo, los que propuso el viable plan de la Alianza y lo que anunció ayer Chrystian Colombo que apunta ya a una reducción del gasto en $ 1.500 millone.

Incluso se está por acordar con bancos y AFJP el canje de esos vencimientos de letras por otro título a más largo plazo.

Hay que calmar a la gente y es posible.

Los discursos de De la Rúa no ayudan y existe el riesgo de que se relaje la disciplina del ajuste. Pero este diario tiene que decir la verdad.

Además, es necesario porque habrá resistencia de los sectores públicos y un plan tan duro y en poco tiempo como el que anunció primero De la Rúa no se puede implementar sin Estado de Sitio.

Quien diga lo contrario miente.

Hay errores torpes como no exceptuar del ajuste de salarios a las fuerzas de seguridad que más necesitará. Las Fuerzas Armadas no pueden intervenir en conflictos internos salvo que las fuerzas de seguridad interior sean desbordadas, aunque para ello es necesaria la intervención del Congreso para autorizarlo (la Ley de Defensa Nacional se los impide). No es automático como sucedió en Bahía, Brasil.

El gobierno, también radical, de Raúl Alfonsín implantó el Estado de Sitio por una nimiedad absolutamente menor a un ajuste.

Dentro de las «teorías conspirativas» que siempre alienta ese ex presidente la imaginó de periodistas y mandó a meter presos por unos días a varios de ellos.

Era tan ridículo que pronto los libertó y levantó el Estado de Sitio.

¿Se animará a ponerlo De la Rúa?

Cuando aquí y en el exterior se habla de que el problema hoy «es más una cuestión política que económica», no sólo se alude a que el Presidente necesita el apoyo de quienes lo ungieron, los «aliancistas», y luego los fuertes gobernadores peronistas.

También se hace especial referencia a las zonas pudendas que estaría dispuesto a poner en juego un presidente De la Rúa que sigue soñando con presidir un país donde no tenga que decidir, que todo lo resuelvan otros y sin ningún disturbio que lo haga a él responsable.

Con el plan de la Alianza y que se comprometan los justicialistas, ¿se bancarán De la Rúa y quienes le escriben absurdos discursos, para colmo con enunciados y responsabilidades no creíbles ya hoy en el Presidente, enfrentar hechos de violencia que siempre traen duros costos políticos?

De esto dudan los inversionistas de aquí y del exterior.

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