12 de mayo 2014 - 09:55

Estabilidad de la economía sin receta neoliberal

Estabilidad de la economía sin receta neoliberal
Por Néstor Requelme *
Hay una conclusión que puede extraerse del análisis conjunto del devenir de los precios y de los postulados de ciertas escuelas de pensamiento económico, muy arraigada en los equipos técnicos de dirigentes opositores. Suelen proclamar habitualmente en medios afines la teoría que determina que el único desencadenante de los procesos inflacionarios es una política de gastos poco prudentes por parte de los gobiernos, que desemboca en un abuso de la "máquina de hacer dinero". Al punto tal que, al fortalecimiento del Estado, lo usan como causal de la suba de precios. Este postulado de teoría monetarista neoliberal y su uso por medios afines y sectores opositores, carece de rigor empírico y omite la inmensa variedad de causas y complejidades, derivadas de las contradicciones de las economías de mercado capitalistas modernas.

Pero vayamos por partes. Después de un primer trimestre convulsionado, se empiezan a observar los resultados de un programa económico consistente. Las tribulaciones de finales de 2013 se debieron a una multiplicidad de factores, entre los cuales se destaca la disminución de reservas, provocada por un deterioro del resultado comercial el cual, a su vez, fue esencialmente causado por las estrategias especulativas de ciertos actores económicos con poder de mercado.

Operadores con intencionalidad política describen la coyuntura económica actual como un giro hacia la ortodoxia, debido al uso combinado de determinadas herramientas monetarias y cambiarias que se configuran como "de manual" en los libros convencionales de economía básica. Ahora bien, lo que aísla este análisis simplista es la correcta cuantificación de los heterogéneos instrumentos aplicados por el equipo económico que asumió la gestión el noviembre pasado, los cuales ya fueron dando frutos debido a la versatilidad con que permiten combatir las fuentes de inestabilidad.

Hace semanas, con el tercer dato conocido del nuevo índice IPCNu (+2,6 para el mes de marzo), se comprobó la tendencia a la baja de la evolución inflacionaria. Después del último corrimiento cambiario, y el desmesurado traspaso automático a precios en febrero, el efecto del incremento en la cotización del dólar se encuentra totalmente saldado y su valor de convergencia próximo a los $8 determinó un freno para la escala del costo de los productos transables.

Los detalles de la actualización del IPCNu son harto conocidos, sólo cabe destacar dos cuestiones primordiales:

--La "inflación de supermercado", entendida como aquella que el consumidor urbano nota en la habitualidad de sus compras, frenó su aceleración en mayor medida que el nivel general, ya que el capítulo de alimentos y bebidas mostró un 2,4% de aumento.

--Indagando en una mayor apertura del índice se observan algunos rubros con variaciones negativas, esto es, descenso en los precios. En particular, se mostraron a la baja el turismo, con una caída del 6,4% y los productos medicinales y accesorios terapéuticos, con un retroceso de 1,8%. En este último caso, influyó el acuerdo que la Secretaría de Comercio cerró a fines de febrero con farmacéuticos, para retrotraer el aumento desmedido.

En conclusión, podemos esbozar una sencilla refutación a la hipótesis de la emisión monetaria como flagelo unicausal de la inflación. En nuestra economía desde principios de año se viene llevando a cabo una estrategia de contracción monetaria. El Banco Central recurrió a un mecanismo de retracción de la cantidad del dinero en circulación con el propósito de aumentar la tasa de interés vigente y así alinear esta variable con las expectativas de cotización futura del dólar. Lo que se busca concretamente es ofrecer a los inversionistas mejores condiciones para colocar sus depósitos a plazo y así desincentivar la apuesta improductiva a la moneda extranjera como activo de resguardo de su patrimonio.

Ahora bien, y esto es lo que se busca destacar, según la tesis monetarista, ante operaciones de mercado directas contractivas como la mencionada, el resultado debe ser una baja correlacionada con el nivel de precios. Es decir, si lo que provoca inflación es la emisión descontrolada, entonces ante una práctica como la actual, el efecto debería ser el inverso: una reducción "descontrolada" en los niveles de precios. La experiencia actual muestra una absorción de más de $55.000 millones en lo que va de año, mientras que el nivel promedio de precios aumentó ya un 10% en el primer trimestre.

A las claras, las causas de la inflación hay que buscarlas en el desequilibrio histórico de la matriz productiva vernácula, en estructuras de competencia de mercado imperfectas y en maniobras especulativas de siempre por parte de agentes con intereses espurios. La clave del modelo está y seguirá estando en la articulación del TC competitivo con retenciones a las exportaciones, que permitieron regular hasta aquí los márgenes de rentabilidad de los sectores agropecuarios e industriales, que ayudaron a controlar los precios internos (al desacoplar los de los precios internacionales), fomentando, de esta manera, el consumo y mercado interno, vía empleo. Afianzando de tal forma la estabilidad, sin receta neoliberal.

*Economista integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)

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