La atención mundial se encuentra puesta en el discurso económico de Biden, el nuevo presidente de Estados Unidos, a raíz de sus anuncios de relanzamiento de la economía que algunos se animan a comparar con la que realizó Roosevelt luego de la crisis económica de 1929.
Biden, el heterodoxo menos pensado
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Joe Biden.
Los primeros 100 días de Biden buscaron mostrarse a contramano de la figura de Trump, que paradójicamente no tuvo un mal desempeño en términos económicos, sino que la gestión de la pandemia fue la principal causa de su derrota. Al lado de los países del este asiático, las imágenes de las muertes y las estadísticas de los contagiados en Estados Unidos mostraron de forma cruda las debilidades de su modelo social, y se suman a la debilidad en términos de seguridad que se plasmó en los atentados contra las Torres Gemelas del 2001, la debilidad económica demostrada por la crisis de 2008 y debilidad institucional de la salida de propio Trump de la presidencia.
Biden se centró en un plan económico keynesiano para relanzar la economía alrededor de 3 pilares: el American Rescue Plan de 1.900 billones de dólares (9% del PBI de Estados Unidos, 3 veces el PBI de Argentina) dedicado a incrementar los planes de desempleo y distintos planes de alimentación y planes sociales pagados por el gobierno federal. El segundo pilar es el American Families Plan en el que se destinarán 1.000 millones de dólares en salud y educación.
El tercer pilar es el American Jobs Plan por el cual se estima un gasto de 2.300 billones de dólares a lo largo de 8 años destinado a renovar la infraestructura pública envejecida por años de desinversión. Esta parte del plan, por el cual se espera crear millones de empleo, tiene previsto 600 billones de dólares para inversión en transporte, destacándose la modernización del transporte público y los incentivos a la construcción de vehículos eléctricos, 100 billones de dólares para la transición hacia una matriz energética sin carbón, 400 billones de dólares para infraestructura de servicios cloacales, construcción y refacción de escuelas, y ayudas a la vivienda. También se anunciaron 180 billones de dólares para la investigación y el desarrollo, así como para incentivar al empleo industrial.
Como lo vemos, se trata de un incremento del gasto con gran impacto social y con miras a mejorar la infraestructura e incentivar el “compre nacional”. Esas inversiones públicas tienen también como objetivo mejorar la conexión numérica de la población y volver a tener una agenda importante en materia de ambiente y en infraestructura de género.
En total se estima que el plan prevé un gasto suplementario de 5.000 billones de dólares, 25% del PBI de EEUU, que se financiará en parte con incremento de impuestos y en parte a través de los mercados financieros. Lo importante es que el incremento de la recaudación calculada en 2.000 millones de dólares será soportado en gran parte por las grandes empresas y los ricos. En efecto, se anunció un incremento del impuesto a las ganancias de 21 a 28% y un incremento del impuesto a los más ricos de 36 a 39%, revirtiendo parte de la reducción impositiva de Trump de 2017. Además, Biden se refirió especialmente a las guaridas fiscales como uno de los problemas mayores de Estados Unidos en la hora actual, y en sentido contrario a su predecesor plantea incrementar la tasa mínima de impuestos a los beneficios en el extranjero para llevarlo a 21%.
En conclusión, la política económica de Biden de incremento de gastos e incremento de impuestos a los ricos y grandes empresas, así como su posición fuerte frente a las guaridas fiscales pondrá cómodo a cualquier economista heterodoxo argentino. El presidente de Estados Unidos parece querer cambiar la forma en que se gana dinero en su país, lo que tendrá repercusión económica y académica a nivel global. Esto abre una oportunidad para la heterodoxia argentina que hasta ahora tuvo que enfrentar un contexto mundial financiarizado adverso a sus políticas de redistribución del ingreso, sustitución de importaciones y expansión del gasto público.
(*) Coordinador del Departamento de Economía del CCC
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