Estudian cumbre De la Rúa, Bush y Cardoso por el ALCA
El saldo principal de la reunión que mantuvieron ayer Adalberto Rodríguez Giavarini y su par Colin Powell se concretará en abril, cuando se realice en Canadá la Cumbre de las Américas. Estados Unidos aprovechará ese escenario para relanzar la apertura de un área de libre comercio en todo el continente, el ALCA. Ayer comenzó a sugerirse que la fecha y los alcances sean motivo de una negociación política de la que participen De la Rúa, Cardoso y Bush. Se trata de saber cuáles son los grados de proteccionismo que Washington defenderá para su propio mercado y cuál la agresividad que aplicará a conquistar los ajenos. El próximo paso se dará la semana que viene: estará en el país el nuevo canciller de Brasil, Celso Lafer. Giavarini también trató con Powell dos peculiaridades de la política exterior argentina: el diferendo con Gran Breta-ña por Malvinas y el encendido entredicho que mantiene el gobierno con Fidel Castro.
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Sin embargo, de las definiciones de uno y otro ministro se derivó una novedad importante: las discusiones por el Area de Libre Comercio continental (ALCA) tendrán un tratamiento político en la próxima cumbre americana de Québec, que se realizará en abril. El curso de acción que se inició ayer en Washington y que obedece a negociaciones informales con Brasil, probablemente desemboque en una cumbre entre Fernando de la Rúa, Fernando Henrique Cardoso y George W. Bush para discutir el fondo del problema comercial: cuánto está dispuesto Estados Unidos a abrir su mercado a cambio de una liberalización continental del comercio.
No fue la única expectativa que se abrió ayer respecto de la cumbre de Québec. Giavarini propuso y Powell, en principio, aceptó que se establezca en esa reunión una cláusula democrática continental como la que rige como criterio de pertenencia para los países del Mercosur, por ejemplo. La iniciativa no tiene como único destinatario al régimen cuba-no; supone también una prevención para cualquier tipo de crisis institucional en otros estados. Tal vez éste termine siendo el párrafo más fuerte del pronunciamiento político que se oiga en Québec. Otra novedad que apareció ayer en la charla entre Powell y Giavarini tiene que ver con las relaciones entre la Argentina y el Reino Unido.
De la cumbre de ayer participaron también los embajadores de ambos países, Guillermo González y James Walsh; el subsecretario de Política Exterior, Horacio Basabe; el encargado de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado, Peter Romero; el jefe de América del Norte de la Cancillería argentina, Jerónimo «Tincho» Cortés Funes; el encargado de asuntos económicos norteamericano, John Larson, y el ministro Ricardo Lagorio, quien ofició como «note taker». Sentados junto al fuego, Giavarini y Powell dejaron en claro sus principales preocupaciones respecto del adelantamiento de tratativas por el ALCA. El norteamericano dejó en claro que la gestión republicana está interesada en avanzar más rápido.
Desde luego, Giavarini manifestó ayer entusiasmo respecto del avance, aunque más no sea conceptual, que se pueda verificar en Québec en materia de comercio: para él la presión norteamericana sobre Brasil puede despejar problemas a los que la Argentina no les encontró solución todavía en el contexto del Mercosur. Por ejemplo, el grado de protección que el empresariado brasileño demanda para su economía nacional.
Así, diferencia de lo que puede cavilar por ejemplo José Luis Machinea, el ALCA debería en la visión de Giavarini mejorar el Mercosur, no contrariarlo. Es una aclaración que, además, el canciller se preocupa de hacer explícita: sabe que algunos gestos dirigidos a Estados Unidos son tomados en Brasilia con desconfianza, sobre todo después de que Chile decidió lanzarse a una negociación bilateral con Washington.




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