Lo ocurrido en las últimas tres ruedas resulta especialmente interesante porque demuestra a las claras lo que están haciendo los inversores con su dinero. El fracaso en la colocación de notas del Tesoro a dos y cinco años, seguido del éxito que vimos ayer (los extranjeros se llevaron 56% de la emisión) con los bonos a diez, habla de la decisión de seguir apostando al dólar y la idea de que aún estamos relativamente lejos de que termine el actual período de subas de tasas. No es que esto impactara mucho en lo que es el día a día (el dólar retrocedió ayer a 117,4 yenes y u$s 1,1805 por euro, mientras la tasa de 10 años bajó a 4,564% anual), pero al menos por sus implicancias es una noticia favorable que coincidió con el despertar del movimiento alcista que se vio hace menos de 24 horas. De la mano de los pobres números de Cisco, los problemas contables que ha tenido General Motors desde 2001 y algo más tarde, del brutal déficit comercial registrado en septiembre (que fuera mayor en más de 8%, al nivel -récord- ya previsto por los analistas, no merece otra calificación que "brutal" y explica el porqué de la debilidad del dólar), el mercado arrancó el día con una baja que casi podría definirse de tímida. Es que incluso la merma del petróleo (cerró en u$s 57,8 por barril, el mínimo desde julio) era vista antes de mediodía como un factor más de los que contribuían al malhumor general. Pero conocidos los resultados de la licitación, el mercado dio un giro y, al sonar la campana de cierre, el Dow trepaba 0,895% a 10.640,61 puntos. Bien, pero igual faltaron razones para la suba.
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