Diálogos de Wall Street

Economía

La inflación sube, las tasas largas bajan, y lo que se discute es cuándo la Fed tendrá que alterar su libreto. Nuestra conversación con Gekko.

Periodista: Ya no se discute si hay inflación o no, se da por sentada. Lo que se debate es si la suba de precios es temporaria o permanente.

Gordon Gekko: La discusión no es ideológica. La evidencia es abundante. Nadie la niega. El tema es muy concreto. ¿El salto de precios llegó para quedarse? ¿Se esparcirá como una mancha de aceite? ¿Qué hará la Fed? ¿Y cuándo lo hará?

P.: Hace muchos años que la inflación no es un tema de disputa.

G.G.: Diez. Lo fue también cuando se ensayó la estrategia de salida de la crisis de Lehman Brothers.

P.: Pero la inflación se mantuvo a raya.

G.G.: Así se zanjó la discusión. Pero antes que fuera evidente, la emisión elástica de base monetaria, las sucesivas etapas de expansión cuantitativa, los rescates a la banca y las compañías automotrices (con cargo al déficit del fisco), todo eso estuvo en la picota. Mientras duró la inflación de commodities (hasta 2011, como mínimo) había posiciones encontradas. En ese marco convulso, entre 2008 y 2009, surgió el bitcoin, por ejemplo. Como un mecanismo de defensa ante la voluntad de los bancos centrales de empapelar el mundo (ya demostrada con la crisis de 2001).

P.: La diferencia es que ahora la inflación subió más rápido y más fuerte.

G.G.: Sí. Forma parte de la solución. Y la Fed no está interesada en combatirla de raíz. Cambió su enfoque de política monetaria. Ya no es un nervio preventivo que se dispara al primer desliz de los precios. Es un animal tolerante; si se quiere, confiado.

P.: La pregunta es si no se le escapó la tortuga. La inflación minorista, los últimos tres meses, corre a una velocidad de 7,4%. La Fed nos dice que es un fenómeno temporario. Pero ¿qué otra cosa nos podría decir? ¿Que le salió el tiro por la culata?

G.G.: No sólo lo dice el banco central. También los mercados. Chilla más Larry Summers que los bonos del Tesoro. Eso es fácil de comprobar. Y Summers no es un fóbico del desborde de precios. En el último debate sobre la inflación, su preocupación era la trampa del estancamiento secular.

P.: Venía por el lado de la deflación permanente.

G.G.: Tal cual. La situación cambió, la política es otra, y la inflación, de hecho, está presente. Que Summers piense que la Fed (toda la política económica, en realidad) peca por exceso es una hipótesis a tomar en cuenta. Nunca se intentó un experimento así, con semejante voltaje.

P.: Y los efectos de la descarga ya han puesto los precios de punta. ¿Cómo se entiende la reacción pacífica de los bonos de largo plazo, cuando carecen de defensas si la inflación se sale de control?

G.G.: Eso es credibilidad. Compran la palabra de la Fed.

P.: ¿Cómo saber que la inflación no subirá más que lo pensado? ¿Y que será sólo un desvío temporario?

G.G.: Vamos a una inflación más alta que la que nos vendió la Fed. Y por un tiempo prolongado; por lo menos, lo que resta del año. No creo que los mercados lo vean muy distinto. La tasa de diez años rinde hoy 1,55%, 20 diez milésimos menos que a fines de marzo. Es una muestra impresionante de confianza. que sin embargo se va a poner a prueba. Cada oleada de indicadores es una mesa de examen.

P.: Si los números de inflación de abril se repiten un par de meses será difícil eximirse.

G.G.: Nunca navegamos estas aguas. Se carece de referencias. Bien podríamos tener la curva de los bonos del Tesoro, por lo menos, el tramo superior a los 5 años, medio punto porcentual por encima. Con esta misma realidad, pero con otra sensibilidad de las expectativas.

P.: Y luciría muy feo.

G.G.: Tal cual. Las tasas largas subieron desde las elecciones de noviembre hasta fines de marzo cuando la inflación no era un motivo de conversación. Ahora que lo es, debemos agradecer que se hayan anticipado. Pero sólo la inflación de abril se comió el rendimiento de medio año, no sería ilógico que vuelvan a reacomodarse hacia arriba.

P.: Para ese entonces, la Fed querrá discutir el tapering. ¿O no?

G.G.: No espero nada antes de Jackson Hole a fines de agosto. Pero los datos tienen la última palabra. O, mejor dicho, los bonos que son el oráculo cuya interpretación todos vamos a estar mirando.

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