¿Recesión? El mercado de trabajo de EEUU no se enteró. En junio, creó 372.000 nuevos puestos netos. Se esperaban 250.000. ¿Cuál recesión? La tasa de desempleo persiste en el mínimo del ciclo: 3,6%. “Se confunde la desaceleración del crecimiento con una recesión”, sostiene James Bullard, el halcón que preside la FED de Saint Louis. El banco central no ve una contracción de la economía ni un apaciguamiento de la inflación, su obsesión actual. En cambio, observa pleno empleo y una tarea inconclusa. Bullard abogó por otra suba de tasas de tres cuartos de punto el próximo 27. Quiere duplicar el techo de la tasa de fed funds a 3,5%, a más tardar en diciembre.
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¿Es la misma voz solitaria que mocionó sin éxito en marzo cuando se estrenó la suba de tasas? Ya no. Goza de nutrida compañía. El Gobernador Waller piensa en una meticulosa escalera al cielo. Tres cuartos de punto ahora, medio punto en septiembre y, ahí sí, quizás se deba apelar a aumentos individuales de un cuarto de punto. ¿Y las dificultades de la economía? No empañan su pronóstico. Una paloma ocasional, Raphael Bostic, de la Fed de Atlanta, quien esbozó la conveniencia de tomarse un respiro en septiembre (antes de conocer la inflación de mayo), suscribe la prescripción de los tres cuartos de punto urgentes. Si no hay recesión, ¿no surgirá luego de transitar un camino tan hostil? Bullard piensa que la desinflación se sentirá recién el año que viene, y la entidad no puede fallar en domar al monstruo que ayudó a resucitar para combatir la pandemia.
Nadie es ingenuo, la inyección de tasas es tóxica y por eso los peldaños de tamaño decreciente. Sin embargo, hoy la FED solo ansía arribar pronto a un terreno de tasas neutral: 2,5% para la mediana de los funcionarios (o 3,5% para Bullard). El aterrizaje suave perfecto de Alan Greenspan de 1994-1995 no ahorró sangre, sudor ni lágrimas (al sur del Río Bravo). Y si es el modelo ideal, se debe a que el viejo maestro disparó dos oportunos recortes de tasas que conjuraron la extenuación de la actividad justo a tiempo. La tarea de Powell y Cía. es más difícil. No podrán apelar a dicho recurso de última instancia salvo que la inflación –que Greenspan no dejó escapar nunca– lo permita. En todo caso, una recesión suave sería un precio módico a pagar para sostener un régimen monetario creíble.
¿Qué recesión? El informe de empleo es contundente. ¿O no lo es tanto? En rigor, el informe no es una sola pieza sino son dos encuestas. Una, a nivel de establecimientos, arrojó la creación de 372.000 puestos netos. Las revisiones de abril y mayo restaron 74.000 al saldo final del incremento. La otra encuesta –a nivel de hogares– la contradice sin ambages. Señala la destrucción de 315.000 empleos netos. Una discrepancia no es inusual. Ocurrió otro tanto en abril. Dos en tres meses es más raro todavía. Primero que nada, enseña que no es conveniente fiarse de un único dato (preliminar, y sujeto a dos revisiones mensuales, que además son muy volátiles). El sondeo hecho a las compañías es mejor para determinar el empleo, y por ende esto no es un empate, apenas un asterisco (el segundo) en la data. Su lectura tiene derecho de sobrepaso. Así como la encuesta de hogares es la manera lógica de medir el desempleo. Que su tasa se preserve en el piso de 3,6% es alentador, aunque lo haga por otra singularidad: la fuerza laboral se redujo en 353.000 personas.
Tomar nota: una caída similar se registró también en abril. Urge, por último, recordar que el empleo es un indicador coincidente, no anticipa el ciclo económico. Dados los costos de contratación/despido de personal, el mejor predictor no es la evolución de la nómina sino la de las horas trabajadas. Y la duración promedio de la semana de trabajo se achicó 2,1% en junio. Es la tercera merma consecutiva. ¿Dónde está la recesión (que gatilló el mercado bear de la Bolsa)?
En ese cruce de caminos entre la anemia de la canasta de indicadores líderes (no solo de las horas trabajadas), en baja desde abril, y la imperiosa necesidad de la banca central (no solo de la FED) de aniquilar la rebeldía de la inflación. Sin olvidar la posición estratégica de Vladimir Putin con la llave de la carestía de la energía. En esa encrucijada, Wall Street se atreve a subir. No niega la recesión. No borra con la mano lo que escribió con el codo. Pero sí cree que, ausente una crisis bancaria, el tropiezo será suave y podrá digerirlo.



