La economía aterriza, la Fed aprieta el cinturón y la Bolsa levanta cabeza en mercado bear

Economía

¿No exagera la política monetaria, apacible en la bonanza plena, y ahora agresiva y peligrosamente azarosa?

Todo cambia a ritmo de vértigo. La economía vuela bajo y pide pista urgente. La Fed quiere el aterrizaje ya, deprisa, sin dar rodeos. La guerra contra la inflación es incondicional, recitó Jay Powell en el Congreso. No son palabras. Son los hechos duros, tras la muy alta cifra minorista de mayo (+1% y la versión núcleo, +0,6%). A pedido de los mercados, la Fed aplicó la receta de Greenspan de 1994. Prometió medio punto de alza de tasas y proveyó tres cuartos. Con la decisión, Wall Street certificó el mercado bear, y que las penurias no traerán alivio -ningún put del banco central- sino nuevos incrementos. Palomas como Mary Daly, de la Fed de San Francisco, abogan por otros 75 puntos base en julio. ¿No exagera la política monetaria, apacible en la bonanza plena, y ahora agresiva y peligrosamente azarosa? ¿Cómo no pensarlo? Si se la despacha hoy y sus resultados se conocen con rezago. No obstante, mientras la inflación también exagere, el banco central no aflojará. Por supuesto, admite Powell, “la recesión es ciertamente una posibilidad”. Y su silueta asoma nítida en la cabecera de pista. La actividad desaceleró fuerte en mayo y ya comenzó a apagar motores. En EE.UU., en la eurozona y Gran Bretaña, y en China (a instancias del covid y la tolerancia cero). El aterrizaje es ya. Empezó, y solo Beijing alista medidas de auxilio. La obsesión del resto es que la inflación retroceda, y se retire sin condiciones.

¿Quién corre a quién? Los informes PMI, en su versión “flash”, basada en data flamante, registran un frenazo brusco de la actividad económica en todo el orbe. La Fed subió tres veces las tasas. El Banco de Inglaterra, que empezó antes, las elevó cinco. Y el BCE arrancará en julio. No importa. Se enfrió todo. Y no se trata de la producción, que se sabe atada a los vaivenes de la logística y los inventarios. No. Esto cava más profundo. Es la demanda agregada la que bajó el telón. En la industria y los servicios. Se detiene la locomotora que empuja el ciclo. La actividad presente se arrastra –a un ritmo declinante cercano a 1% en junio en EE.UU.– pero el horizonte futuro se nubló por completo. Pari passu con la dureza monetaria, y la erosión del poder de compra, las nuevas órdenes de negocios (y la confianza empresarial) colapsaron en EE.UU. En la eurozona se estancaron.

¿Es el debut de la recesión? Una contracción en el tercer trimestre en EE.UU. es el pronóstico PMI. Y sin embargo el dato más valioso es otro. Junio aporta la primera evidencia de que merman las presiones inflacionarias y el poder de fijación de precios. Información más fresca no se consigue. Se tomó de la trinchera entre el 13 y el 22. ¿Por qué la Bolsa, inmersa en un mercado bajista, pudo elevarse 6% conociendo esta pesadilla? Es que allí se perfila el pico de la inflación. Y no escaló más porque los rallies de mercado bear son trampas caza-bobos. Quien se ensarta tres veces no confía en que la cuarta sea la vencida. Pero la vorágine de precios encontró su horma. En lo que va del mes, la pizarra de los futuros de Chicago es un mar de sangre. Apenas un puñadito de contratos exhibe alzas. El algodón y la canola caen más de 25%. El cobre, siempre apto para todo propósito, 15%. Los granos rondan el 10%. La energía, el talón de Aquiles de la coyuntura, invicta y amenazante hasta dos viernes atrás, puso rodilla en tierra. El crudo WTI se hundió 8% y el gas natural, 23%. Saldríamos del brete con más oferta, que no la hay ni la habrá pronto, pero ni siquiera Putin tiene la última palabra. Es la demanda la que cantó el retroceso. El fantasma de la recesión que todos temen. Y que la Fed cree que será de ayuda. De ahí que Powell agite la idea. Ya no es un tabú. Nadie como el halcón James Bullard defiende más vehemente la estrategia del aterrizaje abrupto. Cuanto antes se descreme la inflación, mejor. La economía –después de evolucionar muy por encima de su plafón potencial- puede perder gran altura como se necesita para enfriar la inflación y luego, pese a las turbulencias, volar bajo sin estrellarse. Claro que también puede estrellarse (y eso hará sin una pericia extrema de Powell & Cía). Bullard confía en el colchón del mercado laboral (en los ahorros del consumidor y la robusta dinámica inercial). Pero, después de corregir los exámenes de estrés, la Fed tiene otro argumento. La banca posee capital para digerir una recesión profunda y no cortar el crédito. Ya se verá, llegado el caso. De momento queda rezar por la pax estabilizadora de los bonos y no quitarse el casco.

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