Vini, vidi, ¿vinci? La política económica de alto voltaje (recargada con el megapaquete fiscal del presidente Biden de 1,9 billones de dólares) se despachó en marzo para que EE.UU. creciera a tasas chinas y volviera lo antes posible al pleno empleo. ¿Misión cumplida? De momento, recalculando.
La Fed revisa sus números y los mercados, los suyos ¿Son buenas o malas noticias?
En diciembre, la Fed proyectaba el crecimiento de 2021 en 4,2%. Tres meses después, lo elevó a 6,5%, y en su reunión de esta semana, a 7%. Y el riesgo es que se quede corta. Un insider juzga que 7,8% es posible. ¿Qué decir de la inflación? Se convirtió en el tema candente.
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En diciembre, la Fed proyectaba el crecimiento de 2021 en 4,2%. Tres meses después, lo elevó a 6,5%, y en su reunión de esta semana, a 7%. Y el riesgo es que se quede corta. Un insider juzga que 7,8% es posible. ¿Qué decir de la inflación? Se convirtió en el tema candente. La Fed en diciembre la preveía en 1,8% (la meta de 2% se alcanzaría recién en 2023).
En marzo, reforzado el estímulo, la estimación saltó a 2,4%. Y ahora a 3,4%. ¿Salió el tiro por la culata? ¿Comenzó una era de inestabilidad? Los precios minoristas aumentaron 5% en un año y en el último trimestre (anualizado) 8,3%. ¿Se encendió una luz roja? No, porque se adoptó un enfoque flexible en la materia. Y el banco central confía en que los senderos del crecimiento y la inflación convergerán a tasas de 1,8% y 2%, respectivamente, a medida que se consuma el estímulo fiscal, sin necesidad de una política monetaria restrictiva. ¿Y por qué se sacudieron los mercados? La mudanza en el famoso mapa de puntos (que la Fed lamenta haber creado pero sigue utilizando) no es de fácil interpretación.
Allí se sugiere que el alza de las tasas de interés podría arrancar en 2022 o 2023 cuando antes la Fed le había puesto candado hasta 2024 (como mínimo). Basta ver el desconcierto de las tasas de diez años para notar la confusión. El miércoles treparon de 1,50% a 1,55%. El jueves desandaron el camino. Y el viernes se hundieron a 1,44%. ¿Son buenas o malas noticias para los bonos del Tesoro? Las sucesivas respuestas, según el día: malas, neutrales, buenas. Sólo el dólar denota convicción, se fortaleció desde un primer momento. El diablo anida en una cuestión de fondo: ¿nos insinúa la Fed que se alteró el balance entre crecimiento e inflación que está dispuesta a tolerar? La mejoría de la actividad es franca mientras la inflación se desalineó, y puede transformarse en un dolor de cabeza. Dijo Jay Powell que fue una reunión en la que “se habló de hablar del tapering”, de la reducción de las compras de bonos.
Se sabía: hace semanas que Mary Daly (Fed de San Francisco) acuñó la frase en público. Pero James Bullard, el titular de la Fed de St. Louis, desenvainó el puñal inesperado. El viernes señaló que ve una suba de tasas en 2022. Y si bien Neil Kashkari (Fed de Minneapolis) le salió rápido al cruce con su predilección por esperar hasta 2024 ya se clavó la espina de la duda. ¿Se impacientó la Fed? ¿Teme que se le escape la tortuga?
Veamos el mapa de puntos: siete voces de 18 abogan por comenzar a izar las tasas en 2022, y 13 en 2023. Sólo diez de ellas tienen poder de decisión (pero no se sabe cómo están distribuidas). ¿Son buenas o malas noticias para la Bolsa? Lo duda. Desde los récords flamantes, el S&P 500 retrocedió 2%.Una cascada de oradores está programada ya para echar luz sobre la discusión interna. No había halcones en marzo. ¿Bullard barrunta un descontrol? No. Ve un progreso notable y propone quemar etapas. Entendamos la situación: el día de la reunión se supo que, en los últimos doce meses, los precios de importación aumentaron 11,3% y los de exportación, 17,4%. ¿Y qué se pide? Elevar las tasas el año que viene. Todas son palomas en el mercado de contado. Nadie reclama actuar en 2021. Esto es comunicación a futuro, forward guidance, globos de ensayo. ¿Y cuál es el blanco? No la inflación per se, sino las expectativas.
La Fed nos muestra que no es ciega ni sigue un dogma, que decidirá conforme a la data. Sostiene que la inflación que sube es transitoria, y facilita el derrumbe de los commodities como prueba. Y hace notar que las expectativas basadas en sondeos de opinión exageraron sistemáticamente y más ahora. Las que tienen dinero y su pellejo en juego, y están incorporadas en los precios de los bonos, no suben, se hunden: la tasa de 30 años pasó de 2,50% en marzo a 2,01%. La inflación implícita merodea 1,8%. Para la Bolsa son buenas noticias hacia delante. Mantener las expectativas de inflación en caja no dañará el crecimiento. Y sí hará más largo su recorrido.
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